La batalla legal entre Mondelez y Gullón cumple una nueva etapa

La ‘guerra de las galletas’ llega al Constitucional

Caja de galletas Oreo.
Caja de galletas Oreo.

Han pasado ya más de cuatro años desde que arrancara la guerra entre la multinacional Mondeléz y la palentina Gullón. Esta semana ha comenzado una nueva batalla judicial y quién sabe si la última de este proceso. La antigua Kraft, propietaria entre otras de Oreo y Chips Ahoy, ha presentado un recurso en el Tribunal Constitucional contra la sentencia del Supremo que en otoño permitía a la española comercializar las marcas Morenitos y Cookies, acusadas de copiar el diseño y el envoltorio de las de Mondeléz.

Pilar Marchan, directora de la asesoría jurídica de Mondeléz para el sur de Europa, explica que la compañía busca “que se revisen los defectos denunciados y vuelva a dictaminar el caso”. A lo que añade que el grupo quiere evitar “que la sentencia del Supremo se use como escudo para otros casos de parasitismo y aprovechamiento de la marca”.

Un juzgado alicantino señaló en 2012 que Morenitos y Cookies, dos marcas blancas fabricadas por Gullón, habían incumplido con la regulación de marcas registradas al presentar envases y diseños que podían llevar a equívoco con las galletas de Mondeléz Oreo y Chips Ahoy. Dicha sentencia obligaba a retirar los productos de la circulación e imponía multas a Gullón de no llevarlo a cabo.

El asunto llegó en 2013 al Tribunal de Marca Comunitaria, quien remitió el caso al Tribunal Supremo. Este, en un escrito de 63 páginas con el magistrado Ignacio Sancho como ponente, dejó sin efecto la sentencia del tribunal alicantino argumentando que no existía riesgo de confusión entre ambos productos. Gullón, que ya no produce estos productos, se ha remitido a los escritos judiciales y no ha valorado la situación.

En el escrito del Supremo se argumentaba que el hecho de que el diseño y troquelado de la galleta fuese distinto al de las Oreo y que en estas no pusiese el nombre de la marca de Mondeléz, evitaba que se pudiera provocar una confusión con dicho producto. En un auto del Supremo de octubre del año pasado se determinaba que el hecho de que en el mercado un porcentaje muy alto de los consumidores identifique las galletas tipo sandwich con la marca Oreo no justifica que Kraft tenga el monopolio sobre su comercialización. Marchan argumenta que la sentencia iba “contra la jurisprudencia comunitaria”.

La batalla legal entre Gullón y Mondeléz (entonces Kraft) viene de lejos. Ya en 2005, otra galleta producida por la palentina, Mini 02, fue denunciada por la multinacional al considerar que incumplía el registro de su modelo de galleta tipo sandwich, presentada en 1996. Entonces un juzgado burgalés dio la razón a Gullón. Un año más tarde, en 2006, Kraft impugnó otro diseño similar registrado en España y el Supremo volvió a sentenciar en su contra.

En el caso actual entre Mondeléz y Gullón, una de las conclusiones del Supremo fue que la marca registrada en 1996, en la que basa la multinacional su demanda contra la palentina, ha quedado obsoleta debido a que nunca ha sido utilizada, ya que aquel diseño no incluía la palabra Oreo, un modelo que fue registrado en España en 2009.

Las grandes marcas temen un mal precedente

Mondeléz ha contado en toda esta batalla con Gullón con el apoyo de la Asociación Nacional de Defensa de las Marcas (Andema). Su director general, José Antonio Moreno, argumenta que, con pleno “respeto” a las sentencias judiciales, el auto del Tribunal Supremo abre la puerta a nuevas infracciones en el futuro.

El directivo de la organización en la que están integradas entre otros Mondeléz, Adidas, Danone o Unilever, se muestra “preocupado” con las repercusiones de la sentencia. “Terceras partes pueden tomar el escrito para saltarse el esfuerzo marquista de los fabricantes”, considera.

El hecho más destacado por Moreno es que el alto tribunal achacara que, al no contar con el mismo nombre, no cabía el equívoco. “Esta conclusión crea un campo abierto para la copia de la misma base”, critica. Por ello, Moreno considera que la importancia del caso estriba más en las consecuencias que de él puedan surgir que por la batalla en sí entre Gullón y Mondeléz. “Es una práctica que existe y que tiene cierta implantación”, lamenta. El directivo entiende que estas acciones supone que se aprovechen de la inversión en innovación de las marcas.

Moreno reconoce que no suele ser común que temas relacionados con la defensa de las marcas terminen en el Constitucional, pero entiende que se trata de un recurso de amparo debido a una discrepancia en cuanto al proceso judicial que se llevó a cabo en el Supremo.