Editorial

Una economía pendiente de la política

La inercia en la actividad económica es una variable muy consistente, tanto cuando es alcista como cuando está atenazada por el pesimismo. España cruzó la frontera de 2015 a 2016 a una velocidad de crucero del 3,5%, con una vigorosa demanda interna, tanto en consumo como en inversión, y con un reflejo en la creación de empleo muy notable, superior incluso al 3% interanual. Los economistas aseguran que aún no se nota efecto paralizante alguno en los indicadores de actividad por la crisis política que se abrió en España con unos resultados electorales que complicaban sobremanera la gobernabilidad. De hecho, incluso febrero registró un desempeño en empleo aún importante, de más de 63.000 nuevos ocupados. El propio presidente de la patronal CEOE, que dispone de información de primera mano sobre todos los sectores de la economía, no aprecia datos negativos;algo que sí detecta ya la asociación de autónomos, seguramente porque la capilaridad de las microempresas llega de manera más directa a la demanda final.
Sin embargo, las expectativas de los consumidores españoles sí han encajado una pérdida de pulso significativa en los meses de enero y febrero, tal como reflejan los indicadores elaborados por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). No hay que olvidar que en este mismo periodo, el inmediatamente posterior a las elecciones generales, coincide el riesgo paralelo de crisis económica mundial, o al menos de un parón importante en el ritmo de crecimiento, tanto por el frenazo de China como por la caída vertical de los precios de las materias primas y petróleo, que han incidido de manera muy directa en el efecto riqueza por el ajuste de los precios de las acciones en los mercados bursátiles. Pero en todo caso, esta circunstancia última, únicamente agrava el efecto precautorio de la crisis política, y los propios líderes de los mercados financieros que trabajan en España admiten también que la inestabilidad política está cambiando la percepción que los inversores tienen sobre el devenir de España, a la espera de una clarificación del mapa político y la formación de Gobierno.
En todo caso, no puede hablarse hoy de un cambio tal que modifique la tendencia alcista de la actividad. Pero es unánime la opinión de los analistas sobre tal posibilidad en el caso de que la parálisis política se mantenga por una temporada muy larga, en el caso de que haya que acudir a unas nuevas elecciones y no haya solución hasta julio. Hay que recordar que las suspicacias que levanta la participación de Podemos en un Gobierno nacional son elevadas, y que aún hoy no es descartable tal opción. Por ello, los políticos deben acelerar un consenso teniendo en cuenta los riesgos que supone para la economía la falta de reformas, y deberían centrarse en una solución en el entorno de la gran coalición, haciendo abstracción de las personas.