Perfil: Christine Lagarde

Una mujer de récords

Caricatura de Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Caricatura de Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El pasado viernes 19, el consejo ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) designó por consenso a Christine Lagarde (París, 1956) para un segundo mandato al frente de la institución, que comenzará el próximo 5 de julio, cinco años después de tomar el bastón de mando del organismo. Entonces se alzaba como la primera mujer que presidía el FMI. Ahora, se convierte en el primer director gerente de la institución en más de una década que renueva su mandato, después de que sus antecesores renunciaran al puesto tras el primer lustro. Lagarde repite en el cargo a pesar de haber asumido la responsabilidad del FMI en un momento de gran complejidad, con la recuperación de una crisis financiera mundial.

Independientemente de los logros obtenidos o no por la parisina, su candidatura fue la única presentada el 10 de febrero, fecha tope para que los interesados se postularan, lo que garantizó automáticamente su reelección. “Al tomar esta decisión, el consejo elogió la sabiduría y el fuerte liderazgo de la señora Lagarde durante su primer mandato”, declaró el decano de la ejecutiva del FMI, Aleksei Mozhin. Este resaltó, además, el papel “crucial” que ha desempeñado en este lustro para “la revitalización de las relaciones con los diversos países miembros de la institución”.

Un nombramiento que la abogada, graduada en Derecho por la Universidad de París X Nanterre, recibió con entusiasmo. “Me complace tener la oportunidad de trabajar en beneficio de todos los países miembros y de llevar a cabo nuestra misión crítica en los próximos años”, afirmó.

El hecho de que no tuviese una formación en economía generó críticas y ha provocado un cambio en la política del FMI

Antes de llegar al FMI, Lagarde, sexta mujer más poderosa del mundo según la revista Forbes, ejerció varios cargos políticos en el Gobierno francés, después de trabajar durante más de dos décadas en Chicago en el despacho de abogados internacional Baker and McKenzie. Entró en el bufete en 1981 y en 1995 pasó a formar parte del comité ejecutivo de la firma. Cuatro años después se convertía en su presidenta –pasando a ser la primera mujer en dirigir un despacho de abogados europeo– y, en 2004, en la presidenta del comité estratégico mundial de la firma.

Fue entonces cuando recibió una llamada de Dominique de Villepin, el entonces primer ministro francés, para unirse al Ejecutivo galo. Lagarde aceptó inmediatamente la propuesta y en 2005 fue designada ministra de Comercio Exterior, con Jacques Chirac como presidente de la República francesa. Durante un breve periodo de tiempo también estuvo al frente de la cartera de Agricultura y Pesca, aunque en 2007 se alzó en el cargo de ministra de Economía y Finanzas, con Nicolas Sarkozy como presidente. Lagarde fue la primera mujer de los países del G7 en ostentar este puesto.

Entre julio y diciembre de 2008, presidió el Ecofin, integrado por los ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea, y, tres años después, hizo lo mismo con el G20, año en el que Francia ocupó la presidencia del grupo. Durante esta etapa, la francesa ya se preparó para el puesto que desempeñaría posteriormente en el FMI y participó en la gestión de la crisis financiera internacional.

Para lograr esta prolífica y exitosa carrera, el trabajo, la tenacidad y la perseverancia han sido claves. Unas características que provienen, dice, de su época como miembro del equipo francés de natación sincronizada. Este deporte le enseñó el trabajo en equipo y la autodisciplina, pero también a “apretar los dientes y sonreír”, suele explicar entre bromas. El sentido del humor también es algo que destacan los que la conocen. De hecho, en junio de 2015, después de que el entonces ministro de Finanzas griego Yanis Varufakis afirmara que los miembros del FMI eran unos delincuentes, Lagarde le dijo en un encuentro: “Hola, la jefa de los criminales le saluda”.

En 2011, fue nombrada directora ejecutiva del FMI, después de que su predecesor, Dominique Strauss-Kahn, dimitiera al verse envuelto en un escándalo sexual.

Lagarde también ha tenido que enfrentarse a los tribunales, en su caso, por malversación. Dos meses después de llegar al organismo internacional, el Tribunal de Justicia francés abrió una investigación sobre ella en relación al caso Tapie, por las decisiones tomadas en su época como ministra de Finanzas francesa. Investigación que en diciembre de 2015 se quedó en una imputación por “presunta” negligencia.

Pese a esto, la francesa, menor de tres hermanos e hija de dos maestros, ha estado centrada en el último lustro en la recuperación económica internacional. Para ello, ha tenido que enfrentarse a los Gobiernos, que no han aceptado siempre de buena gana sus propuestas de reforma, pero también al propio FMI, poco partidario de tomar medidas como el rescate financiero de Grecia. El hecho de que no tuviese una formación académica en el ámbito de la economía generó muchas críticas en su elección en 2011 y esta formación ha provocado un cambio en la propia política de la institución, que no siempre ha sido apoyada.

Además, Lagarde ha llevado a los debates del FMI temas antes ausentes, como el calentamiento global, la crisis de refugiados o la creciente desigualdad económica de los ciudadanos. Aspectos que han mostrado el lado más humano de esta mujer divorciada en dos ocasiones, madre de dos jóvenes procedentes de su primer matrimonio y, en la actualidad, inmersa en una tercera relación con el empresario marsellés Xavier Giocanti. A pesar de que se conocían de la época en que ambos estudiaban Derecho, el reencuentro y la unión no se produjo hasta el regreso de Lagarde a Francia en 2005.