Editorial

Días decisivos y esfuerzo para la gobernabilidad

Nunca en la democracia española ha transcurrido tanto tiempo entre las elecciones y el debate de investidura del presidente del Gobierno. La lógica del resultado incierto y la fragmentación del Congreso marcan ese periodo, pero no justifican un alargamiento infructuoso de los plazos que no sería más que la señal de la ineficacia de los líderes políticos, y no solo para pactar. Por eso, resulta más trascendente el anuncio hecho ayer por el presidente del Congreso, quien tras reunirse con el líder socialista marcó el 2 de marzo como fecha del debate de investidura, un mes después de que Pedro Sánchez recibiese el encargo del Rey para formar Gobierno y dos meses y medio tras las elecciones. Así, la primera votación se celebrará previsiblemente el día siguiente, con lo que todo se acelera y empiezan por fin a contar unos plazos que, de no tener éxito el proceso, desembocarían en nuevas elecciones el 26 de junio. Con la puesta en marcha del cronómetro para la cuenta atrás se empiezan a despejar incertidumbres, algo fundamental que los agentes económicos esperan como agua de mayo. El juego democrático no imprime prisa al calendario, algo que no es intrínsecamente negativo si la coyuntura lo permite. Pero ese no es el caso en este momento, en el que la recuperación de la economía española está prendida con alfileres, el entorno internacional aparece plagado de dudas con el consiguiente impacto en los mercados, el sector financiero mundial manifiesta nuevas dificultades y los nubarrones de una nueva crisis global amenazan en el horizonte. La economía española ha hecho un importante ejercicio de liberalización y transformación los últimos años, pero este ni mucho menos ha terminado. Continuar con él es la principal tarea para el nuevo Gobierno. El reto incluye consolidar la recuperación y blindar a España frente al riesgo, siempre ahí presente, de una nueva recesión.

En este contexto, el PP presenta serias dificultades como partido, acosado por la corrupción y con un Mariano Rajoy que en ciertos ámbitos es ya discutido como líder, una circunstancia que no le es extraña en su propia formación al líder del PSOE y candidato a presidir el Gobierno. En los nuevos actores, Podemos se enroca en el referéndum independentista y no deja de generar dudas con sus propuestas, sobre todo las de índole económica, hasta el punto de producir “perplejidad” en el PSOE, su potencial socio de Gobierno, que resume la situación con un “Pablo Iglesias no sabe dónde está”. Ciudadanos, por su lado, se muestra como aglutinador de la gran coalición, la opción más deseable, pero ante la que PP y PSOE siguen repeliéndose. Los próximos van a ser días decisivos. Es exigible mayor esfuerzo para la gobernabilidad que siempre hemos pedido y demanda el mundo económico cada vez con más fuerza. Con la misma que exigimos claridad a la hora de explicar las propuestas para saber si es verdad que salen las cuentas.