Editorial

La misma renta pero repartida de otra forma

La evolución del producto interior bruto en los dos últimos años y una sorprendente reducción del número de residentes en el país, por la salida tanto de extranjeros como de nativos en busca de oportunidades laborales, ha llevado la producción por persona a cifras similares a las registradas antes de estallar la crisis de 2008. Incluso la producción por persona ocupada ha registrado en 2015 valores desconocidamente altos, de unos 60.600 euros, en este caso como consecuencia del fuerte incremento de la productividad aparente del trabajo, medida tanto sobre empleo como sobre coste del empleo.

Los cálculos realizados sobre los datos de la contabilidad nacional de los tres primeros trimestres de 2015 constatan que la producción habría crecido en torno a un 4% nominal en el año (un 3,2% real y cerca de un punto adicional de deflactor de la producción). Y tanto la producción por persona (23.324 euros) como la renta neta disponible per cápita (19.016) se acercarán a los niveles corrientes de 2007 y 2008, que siguen siendo los más elevados de la serie histórica. Otra cuestión es medirlos en términos reales, pues el valor de compra de la renta disponible por persona estaría aún en torno al ya disfrutado en 2005 o al de 2013, si se quiere buscar una referencia temporal más cercana y posterior al punto de inflexión en el que giró al alza. En todo caso, lo cierto es que no será hasta 2016 o 2017 cuando, en caso de mantenerse los niveles de avance del PIB, la renta generada disponible recupere el terreno perdido. Habrán pasado, por tanto, diez años, un decenio completo, para volver al punto de máxima riqueza. Un periodo que ya anticiparon los institutos de análisis cuando en 2012 España fue golpeada por la segunda recesión y su economía se encaminaba, con recorte de producción y empleo, hacia la estabilización para sanear sus desequilibrios.

En todo caso, cuando se recupere el terreno perdido, el reparto de la riqueza generada será bien diferente. Mientras que la producción agregada real se habrá recuperado, pues se trata de acumular avances del PIB del 7% desde que se inició la remontada, no se podrá constatar semejante reequilibrio en ocupación. Si la crisis destruyó 3,8 millones de empleos, nada menos que el 21%, al final de este miniciclo alcista de tres años escasamente se habrá absorbido una tercera parte, quizá un 40%, del daño causado a la fuerza laboral. Por tanto, la misma riqueza pero repartida de otra forma, con innegable avance de la desigualdad.

Y como ese debe ser uno de los objetivos de la política económica, recuperar los niveles de empleo de antes de la crisis, habrá que estirar el ciclo para ello, aunque al final del camino, que no será fácil sin una intensificación de la producción manufacturera, la producción agregada sea muy superior y haya mediado, como precisa la producción industrial, un tirón importante de la productividad.