El grupo necesitará hasta 800 millones más a partir de 2017

La banca exige una dilución total del accionista de Abengoa

Torre de una planta solar de Abengoa.
Torre de una planta solar de Abengoa.

El plan financiero presentado por Abengoa incluye la metamorfosis de unos 6.000 millones de deuda en capital. Mantendrá los 3.000 restantes como deuda sin quita. Los acreedores consideran que esta hoja de ruta es demasiado benevolente con los actuales accionistas y piden su dilución total. La compañía requerirá hasta 800 millones a partir de 2017 además de los 865 que precisa este año.

Las líneas maestras de la estructura financiera están trazadas por parte de Abengoa. Y, pese a que las negociaciones acaban de arrancar, ya existe casi unanimidad entre los acreedores. Los 50.000 accionistas minoritarios del grupo e Inversión Corporativa, controlada por los Benjumea y con un 51% de los derechos políticos en el grupo, deben quedar totalmente diluidos.

ABENGOA 0,02 56,31%
ABENGOA B 0,01 63,16%

La compañía ha propuesto la transformación de unos 6.000 millones de deuda corporativa en acciones e instrumentos convertibles en capital y dejar los otros 3.000 millones –en total, suma unos 9.000– como deuda que irá pagando conforme a un calendario acordado.

La práctica totalidad de las entidades del G7 –Santander, Bankia, CaixaBank, Popular, Sabadell, HSBC y Crédit Agricole– y los bonistas liderados por Houlihan Lokey consideran que “la propuesta es demasiado generosa con los actuales accionistas”. Fuentes conocedoras de las negociaciones, que continuaron ayer entre los acreedores tras la reunión del martes con la empresa, habían situado la participación de los actuales accionistas en el entorno del 8%, lo que dejaría al socio mayoritario por debajo del 4%. La clave está en la cantidad de deuda que se capitaliza y el precio al que se ejecuta.

Julio de 2015

Santiago Seage, por entonces consejero delegado de Abengoa, celebró una conferencia que desató las alarmas de los analista, al reconocer que su tesorería efectiva era inferior a la comunicada.

Agosto

Seage, tras haberlo negado en la presentación de julio, anuncia una ampliación de capital por 650 millones, un 50% de su capitalización de entonces de la compañía, y la venta de activos para reducir deuda. Una semana después, Abengoa rebajó sus previsiones de facturación para 2015.

Octubre

La compañía, que en septiembre fichó a Lazard para buscar socios para la ampliación, logra una inyección de los bancos y otra de 118 millones del hedge fund TCI. Su presidente, Felipe Benjumea, dimite.

Noviembre

Gonvarri, el brazo inversor de Gestamp, anuncia su entrada en el capital de Abengoa. Invertiría 350 millones y se convertiría en su primer accionista con un 28%. Una operación que estaba condicionada a un apoyo de la banca que no logra. A finales de mes tira la toalla, lo que provoca que el día 25 Abengoa solicite el preconcurso. Días después, Seage dimite y toma las riendas José Domínguez Abascal.

Diciembre

Los principales bancos acreedores se agrupan en un G7 para iniciar la reestructuración de la compañía. El día de Nochebuena aceptan conceder un préstamo de urgencia de 106 millones.

Enero 2016

El consejo de Abengoa aprueba su plan industrial el día 24 pero retrasa la entrega del financiero.

Las acciones A de Abengoa, las que tienen 100 derechos de voto, cayeron ayer un 5,8%, hasta 0,49 euros. Las B, con un solo derecho político, se dejaron un 3%, hasta 0,157. El valor en Bolsa de la compañía, en mínimos de 176 millones de euros al cierre de ayer, descuenta ya una alta emisión de títulos nuevos.

El grupo que preside José Domínguez Abascal no ha incluido en su hoja de ruta quitas en la deuda con la que se quedará la nueva compañía. Eso sí, tanto bancos como bonistas perderán dinero una vez que traten de vender las acciones o los convertibles. Fuentes conocedoras de todo el proceso señalan que las minusvalías rondarán entre el 60% y el 80%.

Otra clave del plan financiero está en la necesidad de dinero nuevo. Abengoa, pese a plantear desinversiones por 1.500 millones de euros –entre las que destacan el negocio de bionergía por unos 1.000 millones– requerirá unos 700 millones de euros a partir de abril, al margen de los 165 millones que precisa para sobrevivir hasta finales de marzo. Y más allá sus necesidades se incrementarán entre 300 y 800 millones. “Poner en marcha el plan con vistas a los próximos dos años necesitará un rango de entre 1.000 y 1.500 millones de euros de dinero nuevo”, avisa una persona al tanto de las negociaciones entre empresa y acreedores. El esfuerzo de las entidades financieras involucradas será máximo. Son siete las que forman parte del comité negociador, pero es improbable que estén dispuestas a poner encima del tapete ese montante. La compañía necesitará adicionalmente avales por más de 2.500 millones hasta 2020.

La inyección de liquidez de los bonistas, bloqueada

Las conversaciones para abrir el grifo de la liquidez de emergencia a Abengoa están en punto muerto. Los bonistas siguen dispuestos a relevar a los bancos e inyectar hasta 165 millones de euros en la empresa, cuantía que serviría para abonar las nóminas de febrero y marzo de sus trabajadores, pero no logran ponerse de acuerdo con estos sobre las garantías y otras cuestiones. Los bonistas agrupados en torno a Houlihan Lokey reclaman para sí parte de las prendas de Atlantica Yield, la filial cotizada en Estados Unidos de Abengoa, que están en manos de los bancos integrantes del G7, una petición que por el momento la banca sigue rechazando. Los bancos del comité negociador han inyectado liquidez por un total de 230 millones blindada con un 25,5% de Yield. Este porcentaje está valorado en unos 330 millones de euros.

Los bonistas mantienen sobre el tapete esa liquidez a cambio de un interés del 15% anual más otro 10% al vencimiento del crédito, una tasa alejada del 5% que cobra la banca a Abengoa por el préstamo concedido el pasado 24 de diciembre por 106 millones de euros.

Las partes se distanciaron la semana pasada a la espera de que Abengoa les aportara información sobre el plan financiero, cosa que ocurrió este martes. Pero la situación sigue paralizada a la espera de los primeros veredictos por parte de KPMG y de los bancos del G7. Un número de las entidades que forman el comité no son partidarias de liberar un porcentaje de ese colateral, ante la posibilidad de que se produzca el concurso de acreedores. En ese supuesto, la devolución de ese dinero de emergencia quedaría en entredicho, pese a que Abengoa ha ofrecido a las entidades financiares utilizar otros activos como prenda, como plantas de bionergía, que están a la venta.