Condiciona la viabilidad a que se le dé dinero nuevo

Abengoa pide un préstamo de 700 millones para seguir viva

Logotipo de Abengoa en Palmas Altas, la sede del grupo en Sevilla.
Logotipo de Abengoa en Palmas Altas, la sede del grupo en Sevilla. Reuters

El plan financiero está ya encima del tapete. Abengoa relató a los bancos del G7 y al representante de los bonistas, aunque no se lo entregó, la hoja de ruta de la estructura financiera con la que quiere poner en marcha su plan industrial.

La gran novedad es que el grupo de ingeniería solicita entre 650 y 700 millones de euros de liquidez a sus acreedores para poner en marcha su plan industrial. Este importe es inferior al originalmente planteado de entre 800 y 1.000 millones de euros. Pero aun así las entidades financieras son reacias a abrir líneas de dinero nuevo. Ya en el frustrado rescate de Gonvarri rechazaron inyectar 1.500 millones de euros, como pedía el grupo industrial de origen vasco. Yeso que en ese caso el grupo Gestamp estaba dispuesto a capitalizar la compañía con 350 millones de euros que irían a parar a los fondos propios.

El objetivo de la empresa es llegar al 28 de marzo con el visto bueno de acreedores con al menos tres quintas partes de la deuda y dueños del 75% del pasivo financiero. Para ello, se reunió ayer con los bancos del G7 –Santander, CaixaBank, Bankia, Popular, Sabadell, HSBC y Crédit Agricole– y con un representante de los bonistas, liderados por Houlihan Lokey. Con todo, no se les entregó un documento por escrito.

Si llegados a finales del próximo mes no hay acuerdo, se produciría el concurso de acreedores. En cualquier caso, este escenario no es asimilable a la liquidación, pues el objetivo de los acreedores sería blindar todo el valor posible del grupo, como su tecnología, así como darle un tamaño adecuado para que tenga viabilidad en el futuro inmediato.

Ahora falta por analizar con detalle el plan financiero que Abengoa entregó ayer a los acreedores. La reunión con la empresa, que arrancó a las cinco de la tarde, se alargó durante unas tres horas y ahora son los bancos los que trabajan junto con KPMG en su análisis, lo que durará al menos dos semanas. En el plan financiero, además de explicitar las necesidades de liquidez para que la empresa siga funcionando con normalidad, propone una rebaja de la deuda corporativa de los actuales 9.000 millones a entre 3.000 y 4.000 millones.

Las tres armas para lograrlo son la amortización del pasivo con la liquidez que llegue de las desinversiones, fijadas en unos 1.500 millones limpios; la capitalización de una parte de esa deuda, y quitas, que irían del 60% al 80%. Las entidades financieras se niegan a rebajar el valor de los créditos y abogan por transformar la mayor parte de ellos en acciones y en deuda convertible. Esta última podría venderse en mercado, pero a un precio inferior al nominal.

Mientras, prosigue el tira y afloja para que los bonistas liderados por Houlihan Lokey inyecten los hasta 165 millones para que Abengoa pueda llegar al 28 de marzo. Los bancos se niegan de momento a compartir sus garantías en Atlantica Yield por el 25,5%. Pero, una vez examinado, aunque sea en diagonal, el plan financiero que se les presentó ayer, volverán a retomarse negociaciones con el objetivo de que los dueños de la deuda cotizada por más de 1.500 millones, de un total de 3.600, aporten el dinero necesario para poder pagar las nóminas de febrero y marzo.

Necesitará un escudo de hasta 1.500 millones

El plan industrial de Abengoa incluye unas desinversiones de activos no estratégicos para obtener unos 1.500 millones de euros, entre las que se incluye la división de biotecnología. Además, la empresa trabaja desde hace unas semanas en la venta de varios activos que sumarían unos 70 millones y entre los que estarían varios inmuebles, como su sede histórica en Sevilla, con los que prevé obtener una liquidez a corto plazo, que se suman a los 30 millones que logró la semana pasada al desprenderse de la participación del 50% de la joint venture que tenía en Abu Dabi.

Pero en las reuniones sobre el plan de futuro en el que trabaja la compañía junto con Álvarez & Marsal se ha reconocido que las desinversiones podrían no materializarse hasta la entrada en concurso de acreedores de la compañía, por el temor de futuros compradores a que estas operaciones sean revocadas en un proceso concursal e incluso se prevé que no se complete ninguna antes de finales de 2016. De cumplirse este panorama, la empresa necesitaría unas líneas de crédito back-up por si las ventas de activos no se producen en el plazo previsto, así como líneas de liquidez y préstamos para invertir en los proyectos. Solo para este año, el plan prevé que Abengoa necesite avales financieros de unos 500 millones de euros.

Abengoa ha reconocido en reuniones previas con las entidades del G7 que su margen de explotación –la parte de las ventas que logra transformar en ebitda– apenas supera el 10%, frente al 20% que la empresa había defendido históricamente. Una diferencia que fuentes cercanas a la compañía aseguran que se debe a que la rentabilidad futura de los proyectos de terceros será de entre el 8% y del 10% y que la de los integrados rondará el 20%.