Tribuna

El significado real de las primarias de New Hampshire

Bill Clinton (1992), George W. Bush (2000) y Barack Obama (2008) quedaron en segunda posición en las primarias de New Hampshire. Pero, a pesar de no ser los, aparentemente, caballos ganadores, finalmente fueron elegidos presidentes. Mucha importancia, sin embargo, se le otorga a New Hampshire, al igual que a los caucus de Iowa. Ya se ve que, en el caso de los tres últimos presidentes, perder en este estado no afectó para nada a sus aspiraciones electorales, puesto que, en definitiva, triunfaron.

Cada elección presidencial en Estados Unidos tiene su propia esencia, que se deriva de la situación sociológica, cultural y económica que vive el país en ese momento. Sería largo profundizar en las campañas de Bill Clinton –a quien benefició la aparición del independiente Ross Perot, que dividió el voto republicano–; George W. Bush, a quien el pueblo encargó el mandato “de recuperar la dignidad para la Casa Blanca tras los escándalos de Clinton”. Obama significó “cambio y esperanza”.

Una de las dos anécdotas electorales más recordadas respecto a las primarias de New Hampshire relacionadas con Bill Clinton es que el perder este estado, pero recuperarse después, le valió el apelativo cariñoso de Comeback Kid: el chico que se recupera, que vuelve, que supera la adversidad. Saco a colación este recuerdo porque la candidata Hillary Clinton –comparte el apellido con Bill porque son marido y mujer– podría perder las primarias de New Hampshire.

Una docena de encuestas (CNN, ABC, WSJ, Fox, etcétera) otorgan la victoria al socialista Bernie Sanders, superando a Hillary por más de 20 puntos (53% frente a 40%). Para quienes hemos estudiado la política, economía y sociedad americanas en los últimos 30 años, este resultado no dejaría de ser sorprendente: no tanto por su importancia como por su simbolismo: Hillary Clinton representa al establishment, apoyada por el aparato del partido demócrata. Su votante es de edad madura, blanco, de clase media y trabajadora, afroamericano, asiático, judío e hispano.

Estos rasgos sociodemográficos definirían estados como Nueva York, Nevada o California, pero no New Hampshire, donde el 94% de la población (censo de julio de 2015) es blanca, el estado es pequeño (1,3 millones de habitantes), con una de las rentas per cápita más elevadas del país.

Por tanto, Hillary no va a obtener mucho voto no blanco en este estado, simplemente porque no lo hay. Al mismo tiempo, Clinton representa la vieja política, la de siempre, la del bipartidismo. Ciertamente, la candidatura de Hillary no es rompedora, aunque sería francamente eficaz. En cambio, Sanders, a sus 74 años, grita a los cuatro vientos aquello que jóvenes y clase trabajadora quieren escuchar: sanidad para todos, reducir desigualdades sociales, subir impuestos a ricos y empresas y un naíf haz el amor y no la guerra que atrae a idealistas y oportunistas por igual. El mundo es más complejo.

Algo parecido sucede en el partido republicano, que no tiene tres candidatos como el demócrata, sino más de una docena. Los candidatos tradicionales –el ejemplo más emblemático es Jeb Bush, hijo y hermano de presidente– tienen una estimación electoral en New Hampshire de un dígito. En cambio, el provocador y narcisista hombre de negocios Donald Trump, según dos docenas de encuestas (Advice, Gallup, TNS, etcétera) tiene una estimación de voto del 33%, seguido de lejos por Marco Rubio (14,6%), Cruz (13%), Kasich (12,3%) y Bush (9,8%).

Es llamativo que todas las encuestas coincidan en la estimación de voto. ¿Pueden equivocarse, en cualquier caso? Por supuesto, sin embargo, en esta ocasión el electorado de New Hampshire, mayoritariamente republicano, versus los estados que le rodean, escucha con mucho agrado las –supuestas– verdades del barquero que canta Trump: fuera hispanos, caña a chinos y rusos, un bello muro con México y prohibir la entrada de musulmanes en el país. Sus mensajes han calado en New Hampshire, donde la elección es directa y se escoge a delegados que irán a la convención de cada partido para elegir al candidato correspondiente. De nuevo, Trump no ha gastado dinero en promocionarse en el estado. Jeb Bush, como ya hizo en Iowa, ha gastado millones en publicidad, que para poco le ha servido.

En el caso demócrata, por ser pocos candidatos y porque la fiesta empieza de verdad después de New Hampshire –a pesar de tanto debate televisado, anuncios y mítines– y, ahí, Clinton tiene todas las de ganar (Carolina del Sur, Nevada, etcétera). New Hampshire significará poco, aunque pierda Hillary, porque volverá a remontar en el resto de los 48 estados, para lo que se necesita la organización y el dinero que Sanders no tiene.

En el bando republicano veremos retirarse a candidatos que se quedan sin apoyos y sin dinero. Trump, Cruz, Rubio, Bush, Carson y algunos más podrían permanecer. El resto, no. Lo dice el refrán electoral: “Iowa recoge cosechas y New Hampshire cosecha presidentes”, aunque pierdan las primarias en el estado.

Jorge Díaz-Cardiel es Socio director de Advice Strategic Consultants