El Foco

Una coalición PP y PSOE con presidencia alternativa y sin Rajoy

Hay momentos en la vida que se presentan como una encrucijada, aparentemente sin salida. No basta con voluntarismo para cambiar las circunstancias que producen la situación, porque cuando el control lo tienen otros actores solo su generosa voluntad puede facilitar el desbloqueo. Y no parece que esa generosidad, ni tampoco esa voluntad existan en el actual momento político. Pedro Sánchez y el PSOE se encuentran en esa encrucijada. Tanto el PP y Mariano Rajoy como Podemos y Pablo Iglesias están convencidos de que ha llegado el momento de someter y destruir al PSOE. Por motivos que no voy a analizar aquí, creen que las elecciones han situado a Pedro Sánchez ante el patíbulo. Y no les faltan argumentos para pensarlo, especialmente con las limitaciones añadidas que le han planteado desde la ejecutiva de su propio partido. Tanto si se abstiene para favorecer un Gobierno del PP, si busca un pacto imposible con Podemos o si se llega a la repetición de las elecciones, prácticamente todo el arco político va a hacer responsable a Pedro Sánchez (si repite como candidato) y al PSOE –parece que lo hayan olvidado en la dirección socialista– y la penalización política puede ser importante.

Es difícil salir de una encrucijada como esta si no se rompe el círculo y las condiciones que hacen posible el bloqueo. Si no se cambian las condiciones, los intentos de formar Gobierno por Pedro Sánchez fracasarán, con un desgaste político que lo inhabilitará para liderar de nuevo a su partido en la repetición de elecciones legislativas. A pesar de dibujar un escenario tan peliagudo para el líder socialista y su partido pienso, sinceramente, que Pedro Sánchez tiene la solución en sus manos. Posiblemente la oportunidad que estaba esperando para confirmarse como un líder firme, decidido, capaz y sensato a la vez. Él y sus asesores solo necesitan cambiar el enfoque de la situación, para pasar de una situación de acorralamiento a dominar realmente el tablero.

"Decir que en política los gestos a veces tienen tanta o más importancia que los hechos es una ‘boutade'”

Decir que en política los gestos tienen a veces tanta o más importancia que los hechos es una boutade y, sin embargo, se olvida con demasiada frecuencia. Recordar que para liderar el debate es preciso tener la iniciativa, marcar el espacio, los tiempos y los temas del mismo no deja de ser casi otra obviedad para el mundo de la comunicación política, que todos los actores políticos persiguen y muy pocos alcanzan. Pues bien, la seguridad en la encerrona que Mariano Rajoy y Pablo Iglesias le han tendido a Pedro Sánchez puede dar con los dos fuera de la política en tiempos diferentes y confirmar a este último como un líder político moderno, con visión de Estado, con capacidad de pacto para trascender limitaciones ideológicas y el respeto de las instituciones europeas e internacionales.

Las condiciones previas para formar Gobierno planteadas por Pablo Iglesias en el marco de la España actual y la escenificación de las mismas demuestran que ni Pablo Iglesias ni Podemos ofrecen garantías ni fiabilidad para un Gobierno estable, más allá de la suma insuficiente de sus diputados y la inestabilidad política evidente del conglomerado que representa Podemos, como ya se ha puesto de manifiesto con la salida de Compromís al Grupo Mixto en el Congreso de los Diputados.

Pedro Sánchez debe plantear abiertamente, sin miedo, un pacto de coalición de Gobierno con el PP, sin Mariano Rajoy ni tampoco de aquellos miembros de la dirección de su partido que tengan o hayan tenido posibles responsabilidades por sus cargos en las causas judiciales abiertas contra el propio PP a nivel nacional o territorial. Un Gobierno de coalición con presidencia de dos años para cada uno de los partidos, vicepresidencias igualmente alternativas y reparto de carteras equitativas y alternativas, conforme a un acuerdo marco que haga posible sumar, si no el apoyo, sí la abstención de los diputados de Ciudadanos en la investidura. Un acuerdo programático con sentido de Estado que comprometa la apertura de los trabajos, el debate y la reforma de la Constitución como un compromiso ineludible, además de una revisión ambiciosa en materia de empleo, sanidad, educación..., que asienten los pilares del Estado de bienestar, junto a medidas imprescindibles que garanticen la independencia judicial y la independencia de los medios de comunicación públicos. El margen es amplio y el momento es oportuno para aplicar medidas visiblemente más sociales, a pesar de las admoniciones de Bruselas.

El margen es amplio y el momento es oportuno para aplicar medidas visiblemente más sociales

Desde el momento que Pedro Sánchez proponga esta alternativa, desde ese mismo momento, tiene en sus manos la posibilidad de tomar el liderazgo pleno del momento político y trasladar toda la presión sobre el PP y Podemos. Sus líderes sentirán a partir de ese instante cómo cae sobre ellos la presión de las direcciones de sus partidos, sus organizaciones, patronales, sindicatos e instituciones internacionales. Mariano Rajoy, que desde el 20 D hasta hoy viene representando la suerte de Don Tancredo, será devorado por sus afines y aquellos que esperan la oportunidad para soltar el lastre que les está ahogando. Las presiones internacionales, el sector financiero y la información bajo llave harán el resto. Me viene a la mente alguno de los SMS de Rajoy a Barcenas: “Luis lo entiendo. Se fuerte. ...".
Pablo Iglesias verá peligrar su futuro político y el de su partido, tanto si triunfase la fórmula que sugiero como si no. Con los socialistas controlando el centro del escenario político y con credibilidad renovada, unas nuevas elecciones no le garantizarían ya nada. Lo más probable es que el conglomerado de siglas se rompa y tenga que enfrentarse a una crisis cuyo alcance no es difícil prever en un partido cogido con alfileres. Y si cuajase la supuesta coalición, sería por su frivolidad política.

Mientras elaboraba este artículo, Sánchez ha recibido el mandato para formar Gobierno. Un Rajoy desacreditado y patético expresa la letanía que ya conocemos. Y un Iglesias prepotente y ofensivo, que ve amenazado por Sánchez el liderazgo del debate. Nada nuevo, o casi, porque Pedro Sánchez ha dado un paso adelante.

Daniel Abad es Analista político