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Vida después de China para LVMH

LVMH ha ido de alguna forma a calmar la fijación de los inversores en China. Las ventas del propietario de Dior el año pasado crecieron un elegante 6% interanual, excluyendo los tipos de cambio y con cifras comparables. El beneficio operativo recurrente recibió un impulso del 16% y sus divisiones de joyas y perfumes destacaron especialmente. Las acciones del grupo se han visto castigadas en los últimos meses, pero se podría dar un buen crecimiento fuera de la República Popular China.

La acción de LVMH ha superado ligeramente a sus rivales este año –manteniéndose horizontal en comparación con el descenso del 2% del sector, según los analistas de Citi–. Pero el precio del título todavía no se ha recuperado de la sorpresiva decisión de China en agosto de devaluar el yuan y cayó más de un 20% en su punto más bajo a mediados de enero.

Sigue habiendo dificultades en Asia, con una caída interanual de las ventas del 5%. No se puede obviar cuando representa el 27% de la facturación del grupo. Sin embargo, las ventas en Japón crecieron un 13%, impulsadas por el gasto turístico. A pesar de las preocupaciones sobre el impacto de los atentados de noviembre en París, las ventas en Europa crecieron en el rango bajo de los dos dígitos. Por su parte en Estados Unidos fueron robustas.

En términos de valoración, se podría decir que LVMH se encuentra en un término medio. Sus acciones cotizan con una prima del 17% con respecto a los dueños de Gucci, Kering, en lo que al múltiplo de la previsión de PER se refiere. Eso se debe principalmente a unos mejores márgenes de beneficios operativos y una cartera más diversificada. Pero se queda por detrás de la marca de súper lujo Hermés. Hasta hace poco, gran parte se debía a que LVMH estaba en pleno giro radical. La prueba de la creciente demanda –y los signos de la vida más allá de China– sugieren que la brecha podría comenzar a reducirse.