El Foco

Discurso de Obama: guía para consolidar nuestra recuperación

En su primer discurso sobre el Estado de la Unión (enero de 2010), Obama afirmó: “Tomé posesión hace un año, heredando dos guerras y una economía que se hundía por una profunda recesión, un sistema financiero colapsado y un Gobierno fuertemente endeudado”.

En 2016, Obama da su séptimo discurso sobre el Estado de la Unión. Desde el punto de vista económico, las cosas han cambiado radicalmente: en la primera mitad de 2009, cada mes, 900.000 americanos iban al paro. En diciembre de 2015 se crearon 292.000 empleos y, en los últimos 70 meses, 14,1 millones de personas han encontrado trabajo. De la recesión de 2007-2009 se ha pasado a un crecimiento medio del PIB del 2,2%, con años cercanos al 3%. La Reserva Federal, que acaba de incrementar los tipos de interés por vez primera en años y ha reducido paulatinamente la compra de deuda pública e hipotecaria, prevé un crecimiento económico futuro del 3% en PIB y pleno empleo. Hoy la tasa de paro es del 5% versus el 10% de 2009.

No existen milagros económicos, sino esfuerzo, talento y voluntad. Mi lectura estas Navidades ha sido la última obra de Ben Bernanke, The courage to act. Presidente de la Reserva Federal entre 2006 y 2014, su tesis principal es que Norteamérica abandonó la recesión porque tuvo la fuerte voluntad de cambiar la situación a mejor. Esto no es una obviedad. Bernanke, académico y estudioso de la Depresión de 1929, afirma en su obra que el problema en los años treinta del siglo pasado fue que, ante la deflación y el colapso financiero, ni la Fed ni el resto de bancos centrales tomaron medidas, desembocando la situación en una Gran Depresión global. En Estados Unidos, el desempleo alcanzó el 25% y en Alemania, el 33%. Bernanke escribe: “Entonces, no se actuó; en cambio, ahora sí”. También de manera coordinada, como cuando Obama reunió en Londres al G20, en abril de 2009, para luchar conjuntamente contra la crisis.

El discurso de enero de 2016 de Obama, además de acerca de la economía (la recuperación, los logros obtenidos y, también, una visión de futuro como país que es capaz, “como una familia, de levantarse tras la caída y recuperarse y mejorar”), trata otras prioridades del presidente. Cambio climático –con el acuerdo de París para la reducción de emisiones–. Política exterior, teniendo en cuenta que Obama es un presidente que ha puesto casi todos los huevos en la cesta de la política interior. Para el presidente, el acuerdo de las seis potencias con Irán evitará que este país fabrique una bomba atómica y, con seguridad, Obama considera este pacto como uno de los grandes logros de su mandato. La sanidad ocupa un lugar especial, gracias al Obamacare. Por vez primera en la historia, el 90% de los estadounidenses tienen seguro médico y 17 millones de ellos lo han obtenido en el último año.

Control de armas, inmigración y progreso social son otras cuestiones importantes que, de hecho, están en la agenda pública diaria y en la campaña electoral presidencial. Sobre el progreso social –dado que la disparidad de ingresos entre ricos y pobres es el tema de moda gracias a Stiglitz, Krugman y Piketti–, Obama pone en valor que al 98% de los americanos, clase media, se le han reducido los impuestos en estos años.

Por un lado, podría profundizarse en cada temática –no hay espacio– y, al mismo tiempo, las muchas familias republicanas enfrentadas entre sí tienen un común denominador: están radicalmente en contra de la visión que Obama ofrece de América. Por tanto, vale la pena poner énfasis en la economía, especialmente si pensamos en la necesidad de consolidar la recuperación económica española. Obama, que llevó a cabo muchas reformas, nunca dice: “El Gobierno ha creado 14,1 millones de empleos”, sino “las empresas han generado 14,1 millones de puestos de trabajo”. En la economía de libre mercado, la empresa y el empresario son esenciales en la creación de riqueza y empleo. En Estados Unidos, con Apple, Facebook y Amazon, entre otros. Y en España, con Telefónica (líder en innovación, clave para crear un nuevo modelo productivo basado en el conocimiento), La Caixa (banca responsable, digital, sostenible, social), Gas Natural Fenosa (energías limpias), Abertis (infraestructuras modernas; liderazgo mundial) y su filial Cellnex –la gran salida a Bolsa del año en España–, El Corte Inglés (calidad, atención al cliente, modernidad, comercio electrónico), son solo algunas.

Obama inició sus reformas económicas en febrero de 2009 con el primer paquete de estímulo (787 billones de dólares), que evitó que 5,4 millones de personas cayeran en la pobreza. Salvó al automóvil (Chrysler, GM). Rescató los bancos –con el 56% del PIB americano en sus manos– y las aseguradoras (AIG, la más grande del mundo). Estabilizó el sector inmobiliario –donde empezó la crisis con las hipotecas subprime–. Sacó adelante la reforma financiera (ley Volcker y más exigencias de capital para los bancos). Incentivó el made in America y que las empresas trajeran de nuevo la manufactura a casa. Apostó por las TIC como factor multiplicador de productividad y competitividad en las pymes (99% tejido empresarial) y del Gobierno. Impulsó las energías renovables y la sanidad para modernizar el país y crear empleo. Incentivó el comercio mundial (creando 2,5 millones de empleos americanos) con acuerdos en Asia y, pendiente de aprobación, con Europa. No podemos olvidar la política de la Fed, con dos objetivos: creación de empleo y estabilidad de precios. Y ahí están los tres programas de quantitative easing y la bajada de los tipos de interés, hasta ahora. En su discurso, Obama no mira al pasado, sino que expresa una visión de futuro económico para que América consolide la recuperación.

España también ha hecho sus deberes (reformas: laboral, financiera, unidad de mercado, agenda digital, entre otras) y hoy crece al 3,2%, el doble que la Unión Europea. Pero, al igual que le sucede a Norteamérica, las reformas y el apoyo a las empresas –grandes y pymes– deben continuar. El ejemplo americano, primera economía mundial –con China y emergentes en retirada– bien podría ser hoja de ruta futura para España.

Jorge Díaz-Cardiel es Socio Director de Advice Strategic Consultants. Autor de ‘El triunfo de América’, ‘Obama y el liderazgo pragmático’ y ‘La reinvención de Obama’.