Varsovia pretende liderar a los países enfrentados a Alemania

El desafío de Polonia a Merkel provoca las iras de Bruselas

La Comisión Europea sopesa someter a Varsovia a vigilancia especial por falta de democracia

El desafío de Polonia a Merkel provoca las iras de Bruselas
Thinkstock

Por primera vez en la historia de la UE, la Comisión Europea debatirá mañana si en uno de los países del club existen indicios de una grave amenaza contra el Estado de Derecho; sospecha que, de confirmarse, podría desembocar en una humillante reprobación al socio investigado.

Polonia es el objeto de tan terrible escrutinio, sólo tres meses después de que el partido Ley y Justicia (PiS, en sus siglas en polaco), liderado por Jaroslaw Kaczynski, ganase las elecciones con mayoría absoluta. Y aunque es prácticamente imposible que el procedimiento disciplinario llegue hasta sus últimas consecuencias (activar el artículo 7 del Tratado de la UE para suspender el derecho de voto requiere la unanimidad), la mera posibilidad ha desencadenado ya una durísima batalla entre Bruselas y el nuevo Gobierno ultraconservador polaco.

Pero el conflicto con Varsovia va mucho más allá de la presunta deriva autocrática del Pis, partido al que pertenecen el presidente polaco, Andrej Duda, y el gobierno de Beata Szydlo. Tras la inusitada dureza de Bruselas se esconde el enfado de Berlín con una Polnia dispuesta a liderar a los países como Hungría, República Checa o Eslovaquia que se han enfrentado a la canciller alemana, Angela Merkel, en materia de asilo (reparto de miles de refugiados sirios), energía (suministro directo de gas ruso a Alemania a través del Báltico) o relaciones internacionales (connivencia de Berlín con el Kremlin a pesar de la invasión de Crimea).

De manera significativa, el comisario europeo de Agenda Digital, el alemán Günther Oettinger, encabeza la ofensiva de la Comisión para estrenar con Polonia el procedimiento por “ amenazas sistémicas” al estado de derecho, un mecanismo creado en 2014. Otro alemán, el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, ha llegado a calificar como “golpe de Estado” las medidas que está adoptando el Gobierno polaco.

El detonante para la embestida de Bruselas ha sido la decisión de Varsovia de reformar a toda prisa el Tribunal Constitucional (para elevar el umbral de voto sobre la inconstitucionalidad de una ley) y las maniobras de las autoridades para evitar el nombramiento de magistrados designados por el Ejecutivo anterior y sustituirlos por jueces próximos al gobierno actual.

El ejecutivo polaco ha asumido también el derecho a designar los directivos de la radiotelevisión pública, decisión duramente criticada por el Consejo de Europa y la asociación de televisiones púbicas europeas (Eurovisión).

Ese tipo decisiones presuntamente arbitrarias ya se habían producido en otros países. En Hungría, el gobierno de Viktor Órban también maniobró para hacerse con el control del Tribunal Constitucional (a través de una norma sobre la edad de jubilación de los magistrados) y la CE se limitó a iniciar un procedimiento disciplinario rutinario. Bruselas ni se inmutó cuando el gobierno griego de Antonis Samarás cerró de un plumazo la radiotelevisión pública invocando supuestas razones presupuestarias. Y en España, la polémica creación de la Comisión Nacional de Mercados y Competencias ha terminado ante el Tribunal de Justicia Europeo, pero a raíz de una consulta prejudicial por denuncias nacionales.

La rebelión euroescéptica de Kaczynski, sin embargo, es mucho más profunda y llega en un momento muy delicado para la UE y para la canciller Angela Merkel, cuestionada dentro y fuera de su país por la crisis de los refugiados.

Sin aliados claros (a diferencia de Órban, el partido de Kaczynski no pertenece al PPE sino al grupo conservador europeo creado por el primer ministro británico David Cameron) Polonia se expone a que la Comisión le abra un expediente sin precedentes. Las consecuencias legales serían menores. Pero el golpe político a Kaczynski y sus compañeros de viajes sería de órdago.

Las nucleares de bélgica inquietan a los países vecinos

Las ramificaciones belgas de los atentados de París han deteriorado hasta tal punto la imagen internacional de Bélgica que la semana pasada se puso en marcha una campaña para intentar convencer a los turistas de que Bruselas es una ciudad segura. La ocupación hotelera en la capital europea se desplomó hasta 60 puntos en relación con el año anterior durante los días de máxima alerta (21-24 de noviembre) y todavía no se ha recuperado. Pero al desprestigio de Bélgica por los presuntos fallos de seguridad en torno a la amenaza yihadista se une ahora la inquietud en los países limítrofes por el envejecimiento y deterioro de los siete reactores nucleares que alberga el país.

Los incidentes y las paradas se suceden y en los últimos meses ha habido momentos en que sólo funcionaban dos de las siete centrales. Las alertas se han disparado en Holanda o Alemania, donde se reclama vigilancia internacional. La UE debe verificar con más rigor si las normas de seguridad se están respetando”, pidió la semana pasada Johannes Remmel, presidente de la región alemana de Renania del Norte-Westfalia. El Gobierno belga asegura que la seguridad está garantizada y que la alarma se debe a la atención mediática prestada a fallos e incidentes menores. Pero un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), citado por el diario La Libre Belgique, describe a las nucleares belgas como las menos fiables del mundo entre 2012 y 2014, con una pérdida de capacidad de producción imprevista del 20% frente al 7,6% en Francia o el 11,5% en Holanda. Y el Consejo Superior de Sanidad de Bélgica ha recomendado al Gobierno que se amplíe el perímetro de seguridad de las centrales de 20 a 100 kilómetros, lo que obligaría a hospitales y farmacias a disponer de yodo (antídoto en caso de accidente) suficiente para toda la población del país. Las autoridades, además, siguen sin aclarar el sabotaje sufrido por uno de los mayores reactores (Doel 4, de 1.039 MW), que estuvo parado entre agosto y diciembre de 2014. Se trata de la central de Europa situada en un área de mayor concentración de población: 1,5 millones de personas en un radio de 30 kilómetros y 9 millones en menos de 75 kilómetros.