Las entidades abogan por la tutela judicial para iniciar la reestructuración

Una parte de la banca aboga por el concurso de Abengoa a comienzos de 2016

Exterior del complejo de Abengoa Water en Dos Hermanas (Sevilla).
Exterior del complejo de Abengoa Water en Dos Hermanas (Sevilla). EFE

Abengoa ha salvado el concurso de acreedores antes de 2016, pero la banca que lidera las negociaciones con la compañía es partidaria de que la empresa se acoja a la protección total de la Ley Concursal de forma inminente. Una parte de las entidades que forman el G7 –Santander, Bankia, CaixaBank, Sabadell, Popular, HSBC y Crédit Agricole– abogan por el concurso de acreedores para inicios de año. Las entidades barajan el mismo mes de enero o febrero.

Con todo, otras fuentes próximas a la compañía señalan que antes de tomar una decisión se esperará a que Abengoa, junto a Lazard, presenten el plan de viabilidad que estará terminado el 18 de enero. Después, ese plan será analizado en profundidad por KPMG, el asesor que elaborará además una informe final que será refrendado por los asesores de los bonistas. 

Así, Abengoa no agotará el plazo de cuatro meses que le concede la figura del preconcurso, que solicitó el 25 de noviembre, y que le da hasta finales de marzo para negociar una solución con sus acreedores. La situación es demasiado complicada con alrededor de 25.000 millones de pasivo. “Abengoa puede solicitar el concurso voluntario en cualquier momento”, señala Nacho Fernández Aguado, socio de Procesal de CMS Albiñana & Suárez de Lezo.

“Enero será probablemente el mes del concurso, de esta manera se blindan las futuras inyecciones de liquidez y se contará con la tutela judicial”, explican fuentes conocedoras de las negociaciones.
El porcentaje de Yield susceptible de ser utilizado como garantía para futuras aportaciones de dinero nuevo, a las que el G7 quiere que se sumen otros bancos como publicó ayer CincoDías, ha quedado reducido al 3,7%.

El concurso de acreedores colocaría la mitad del dinero fresco al principio de la lista de prelación instantáneamente, sin necesidad de garantías. El colateral o su calidad no sería tan necesario como en la actual situación. La otra opción, con menos partidarios, es esquilmar al máximo la participación en Yield, que volvería a utilizarse como escudo en el próximo desembolso de las entidades. Esto permitiría pedir el concurso en febrero.

Las necesidades de liquidez estimadas para Abengoa, a falta de que KPMG tenga listo el libro blanco de la compañía a finales del mes de enero, se sitúan en unos 100 millones mensuales, de los que alrededor de 60 son solo para pagar la nómina de los 24.000 trabajadores. De momento, fuentes próximas a la empresa confirman que los empleados ya han comenzado a recibir las transferencias de los salarios de diciembre.

A favor del concurso completo y rápido juega también el control judicial sobre el proceso de reestructuración. En preconcurso, existe el riesgo de que las desinversiones –con las que Abengoa tiene como objetivo obtener 1.200 millones de euros limpios– o los posibles acuerdos de quitas se invaliden si finalmente se va al concurso de acreedores. Cabe esta posibilidad en las operaciones realizadas en los dos años anteriores a su declaración.

La tutela completa del proceso por parte de la justicia –ahora mismo las negociaciones se desarrollan entre bancos, bonistas y empresa, que actúan por su cuenta y riesgo– blindaría la reestructuración y además facilitaría los acuerdos para efectuar quitas y capitalizar deuda. La cúpula de Abengoa, además, perdería cualquier resto de poder negociador. Los bancos, eso sí, tendrán que provisionar en un plazo de 12 meses –es decir, podrían realizar las dotaciones con cargo a las cuentas de 2016 y 2017– el 100% de los créditos dados a Abengoa.