Retos del nuevo Gobierno

Resolver el desafío de una Cataluña independiente

Un partidario de la independencia de Cataluña tras la celebración de las elecciones en septiembre
Un partidario de la independencia de Cataluña tras la celebración de las elecciones en septiembre

El órdago lanzado por Artur Mas a favor de una Cataluña independiente ha ido mucho más lejos de lo que lo que él mismo podía haber pensado y ha erosionado el inmenso poder que había acumulado en una autonomía en la que llevaba gobernando durante 35 años, con el paréntesis de los siete años (2003-2010) en los que la presidencia estuvo en manos socialistas.

PP, PSOE o Ciudadanos tratarán de frenar el proceso si logran formar Gobierno

Mas nunca pensó que de los 62 escaños de 2010 pasaría a 50 en 2012 y a los 62 de Junts pel Sí en 2015 (más de la mitad de esos sufragios proceden de ERC). La debacle parecía encarrilada con la convocatoria de unos comicios con carácter plebiscitario que se celebraron el pasado mes de septiembre. Pero todo salió al revés de lo inicialmente previsto. La suma de las fuerzas a favor de la independencia no logró la mayoría absoluta y la constitución de un Gobierno entre CiU, ERC y la CUP se ha visto erosionada por el veto de esta última formación a Artur Mas. El pleno de la CUP insistió en esa tesis a finales de noviembre y la siguiente reunión, prevista para la próxima semana, será clave para determinar la posición de los independentistas. Algunos de los dirigentes históricos de la formación suscribieron la pasada semana un manifiesto de apoyo al proceso independentista en el que alertaban de que, si finalmente el veto a Mas prosigue y el escenario son otros comicios para marzo, el proceso soberanista estará finiquitado. “Unas elecciones anticipadas a marzo, con un resultado incierto, más allá de visiones electoralistas cortas de vista, suponen volver a situarnos en la lógica autonomista, dar por acabada la dinámica plebiscitaria y dejar en el cajón cualquier intento de debate sobre la constitución catalana que queremos”, remarcaban.

Por lo tanto, hay dos escenarios: la constitución de un Gobierno que fije una hoja de ruta para desconectarse de España o la convocatoria de elecciones en marzo de 2016 ante la falta de acuerdo para formar Ejecutivo. En el primer caso, el ganador que salga de las urnas el 20D estará liderado por PP, PSOE o Ciudadanos, las tres opciones con más posibilidades de ganarlas. Con matices, todas se han opuesto a la propuesta soberanista. Mientras que PP y Ciudadanos abogan por la vía judicial para frenar el proceso de secesión (el Gobierno de Rajoy ya recurrió al Tribunal Constitucional para paralizar la propuesta para poner en marcha la proposición independentista), los socialistas abogan por abrir una mesa de diálogo en la que tengan encaje su propuesta federal y la soberanista liderada por Artur Mas.

Afrontar la crisis de la economía

En paralelo a la pugna por el estatus político de la autonomía, el Ejecutivo que salga de las urnas tendrá que hacer frente a la situación contradictoria que vive el actual Gobierno: el Ejecutivo catalán le considera uno de los principales responsables de sus males y al mismo tiempo le exige asistencia financiera para hacer frente a su deuda y sus problemas de liquidez. Desde 2012, el Gobierno de Artur Mas ha recibido más de 40.000 millones de euros, de los que más de 30.000 proceden del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA), creado para regiones sin acceso a los mercados y que no cumplan los objetivos de deuda y déficit fijados por Bruselas.

La deuda se ha duplicado desde 2010 y no se ha cumplido el objetivo de déficit en seis años

Una inyección de dinero que ha servido para garantizar la prestación de servicios públicos y el pago de las nóminas a los funcionarios, pero que en ningún caso ha reconducido los desvíos en las cuentas públicas. La deuda pública ascendía a 35.616 millones en 2010 (un 17,5% del PIB regional) y cinco años después casi se ha duplicado hasta los 68.088 millones (33,6% del PIB). Solo la Comunidad Valenciana, con un 40% del PIB, tiene un pasivo más abultado.

Las cifras son todavía más desalentadoras en el caso del déficit, que mide la diferencia entre los ingresos y los gastos. En ninguno de los seis ejercicios transcurridos ha cumplido el objetivo fijado para las autonomías. En 2010 cerró con un 3,86% del PIB, frente al 2,40% marcado; en 2011 fue del 3,72%, frente al 1,3% requerido, y en 2012 fue del 1,96%, frente al 1,5%. Un año después, Hacienda aprobó objetivos diferenciados por autonomías y le puso uno más accesible a Cataluña que a otras regiones (1,58%). Pero tampoco llegó (1,96%).

El desvío fue aún más abultado en 2014 (2,13% frente al objetivo del 1%) y todo apunta a que la brecha entre ingresos y gastos tocará máximos este año (la meta es un 0,7% y la previsión es cuadruplicarlo hasta el 2,8%).

Normas