No habrá sanciones para los incumplidores

El histórico pacto por el clima, un reto para la inversión

Serán necesarios 15 billones en gasto en eficiencia y renovables

Los países ricos deberán movilizar 90.000 millones al año en apoyo de las naciones más pobres

Niños muestran el mensaje "adieu Fossil Fuels" (adiós a los hidrocarburos) durante la Conferencia sobre el Cambio Climático de París (Francia).
Niños muestran el mensaje "adieu Fossil Fuels" (adiós a los hidrocarburos) durante la Conferencia sobre el Cambio Climático de París (Francia).

El acuerdo alcanzado el sábado para combatir el cambio climático supone un logro histórico ante el que empresas y países deben ahora enfrentarse. El pacto alcanzado por 195 países requerirá una inversión de 15 billones de euros en renovables y políticas de eficiencia, según los cálculos ofrecidos por la Agencia Internacional de la Energía, informa Bloomberg.

Los representantes de cerca de 200 naciones aprobaron en París el primer acuerdo universal vinculante de lucha contra el cambio climático, en el que de manera histórica tanto naciones desarrolladas como en desarrollo se comprometen a gestionar juntas la transición hacia una economía baja en carbono.

No obstante, la mayor parte de las responsabilidades de financiación no están en el acuerdo sino en la decisión que lo desarrolla, donde dice que las naciones ricas deberán movilizar un mínimo de 90.000 millones anualmente desde 2020, así como revisar al alza esa cantidad antes de 2025. El nuevo acuerdo entrará en vigor cuando al menos 55 partes, que sumen en total el 55% de las emisiones globales lo hayan ratificado.

Obligación de financiar para los países ricos

En el histórico acuerdo de la cumbre del clima de París (COP21), además, los países se comprometen a lograr “un equilibrio entre los gases emitidos y los que pueden ser absorbidos” en la segunda mitad de siglo, lo que viene a suponer cero emisiones netas, o dicho de otro modo: que no se pueden lanzar más gases que los que el planeta pueda absorber por sus mecanismos naturales o por técnicas de captura y almacenamiento geológico.

El acuerdo obliga legalmente a los países desarrollados a contribuir a financiar la mitigación y la adaptación en los Estados en desarrollo, y anima a otros países que estén en condiciones económicas de hacerlo a que también aporten voluntariamente.

La intención de financiar debe ser comunicada dos años antes de transferir los fondos, de manera que los países en desarrollo puedan hacerse una idea de con qué montos cuentan.

El texto, a su vez, reconoce la necesidad de poner en marcha el denominado Mecanismo de Pérdidas y Daños, asociados a los efectos más adversos del cambio climático, pero no detalla ninguna herramienta financiera para abordarlo.

Uno de los éxitos de la cumbre es contar por primera vez con China entre los países que se comprometen en esta lucha.

La aprobación tendrá lugar en una ceremonia de alto nivel en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, el 22 de abril de 2016.

El Acuerdo de París, llamado a cambiar el modelo de desarrollo del planeta hacia uno libre de combustibles fósiles, se aprobó en la tarde del sábado, cuando el presidente de la COP21, Laurent Fabius, dio el esperado martillazo del consenso y dijo: “Acabamos de hacer una cosa grande” en medio de sonoros aplausos, informa Efe.

Lograr este acuerdo ha costado dos décadas de cumbres del clima y doce meses de los más intensos esfuerzos diplomáticos “que se hayan hecho en la historia”, según la ONU, en los que Fabius ha tenido un liderazgo fundamental.

El pacto que se acaba de aprobar tiene como objetivo mantener la temperatura media mundial muy por debajo de dos grados centígrados respecto a los niveles preindustriales, aunque los países se comprometen a llevar a cabo “todos los esfuerzos necesarios”, se señala en el documento, para que no rebase los 1,5 grados y evitar así “los impactos más catastróficos del cambio climático”.

Obligación de rendir cuentas

Para lograr ese objetivo, recoge compromisos nacionales de lucha contra el cambio climático y obliga a los países tanto a rendir cuentas de su cumplimiento como a renovar sus contribuciones al alza cada cinco años. Eso supondrá que los países tengan que ofrecer incentivos para las energías limpias, gravar más las emisiones o reducir la deforestación. Medidas que afectarán tanto a empresas como a ciudadanos, por ejemplo, en los medios de transporte.

Llega ahora el turno de los países, el punto más frágil del acuerdo, ya que se deja a cada Gobierno actuar por su cuenta, con el compromiso de una revisión cada cinco años de los objetivos alcanzados. Cada Estado se compromete a tomar las medidas necesarias para cumplir lo que dice en su contribución, y los que quieran podrán usar mecanismos de mercado (compraventa de emisiones) para cumplir sus objetivos.

Para asegurar que se alcanza la meta, la primera revisión de las contribuciones nacionales tendrá lugar en 2018, y la primera actualización de las mismas será en 2020. No habrá sanciones, pero existirá un comité de cumplimiento que diseñe un mecanismo transparente para garantizar que todo el mundo hace lo prometido, y que advierta antes de que expiren los plazos si está o no en vías de cumplirse. Como objetivos a largo plazo, las naciones se proponen que las emisiones toquen techo “tan pronto como sea posible”, reconociendo que llevará más tiempo para países en desarrollo.

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