Editorial

Con la economía no se juega

Las próximas elecciones generales del 20 diciembre son claves para la ciudadanía española, pero no solo para esta. Los inversores extranjeros aguardan la llegada de los comicios con verdadero interés, a la espera de unos resultados electorales que condicionarán el futuro de los planes de inversión que han diseñado para España. Dadas las encuestas realizadas hasta el momento, un amplio porcentaje de inversores foráneos descuenta que tras el 20D la política económica española seguirá muy probablemente en línea con la actual o, en su caso, acelerará su impulso reformador. Así se desprende, por ejemplo, de una encuesta elaborada por la consultora EY a 1.400 directivos en todo el mundo, que augura una explosión de inversión extranjera en España durante los primeros meses de 2016, siempre que el 20D no dé lugar a un giro drástico en la política económica del país.

Los datos de operaciones realizadas durante este segundo semestre del año respaldan esa percepción. La locomotora de crecimiento en que se ha convertido España, a la cabeza de la zona euro, avanza a tasas del 3%, una velocidad que las previsiones extienden también a 2016. Pese a ello, esa ritmo de actividad no se ha visto reflejado en el montante de inversiones recibidas en los últimos meses por nuestro país, que han ido descendiendo paulatinamente desde agosto. La inestabilidad generada por la cercanía de las elecciones explica suficientemente esta ralentización, dado que el dinero es cauto por naturaleza y aguarda a comprobar cuál será la hoja de ruta económica de España antes de poner en marcha cualquier nueva operación. Países como China, cuyos empresarios han invertido ya de forma abundante en nuestro país, y sectores como el capital riesgo, muy activo en los dos últimos años, están entre los candidatos más dinámicos para impulsar esta ola de inversión tras el 20D.

El escenario que ofrece España en este momento no puede ser más atractivo para el capital extranjero. A la tasa de crecimiento hay que unir el severo ajuste que se ha realizado en materia de costes laborales y que ha aumentado de forma considerable la competitividad de las empresas. Todo apunta a que los salarios se mantendrán bajo control también durante el próximo año, según datos que hizo públicos ayer la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD). Ello supone un potente gancho para seguir atrayendo inversión extranjera y una oportunidad de alimentar el crecimiento que nuestro país no puede desperdiciar. Las empresas y las familias continúan su proceso de desapalancamiento y no tienen un margen holgado para invertir. Precisamente por ello, gobierne quien gobierne tras el 20D, el nuevo Ejecutivo tiene que ser consciente de la fragilidad de la coyuntura y de que con la economía no se puede jugar.

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