Editorial

La renta variable sigue siendo la mejor opción

La estimación media de avance de la Bolsa española hecha por los analistas hace ahora un año situaba el índice selectivo, el Ibex 35, en los 12.500 puntos al finalizar 2015, con un avance relativo de algo más del 20%. La euforia desatada por la marcha de la actividad económica por los impulsos proporcionados por la bajada del petróleo y los impuestos, así como por la fuerte creación de empleo, cegó hasta los pronósticos más optimistas. Sin embargo, cuando faltan tres semanas reales para liquidar el año, el selectivo español está en números rojos (desciende un 2%) y casi todo el mundo da por bueno el simple hecho de que se tornen en negros en las sesiones de fin de año. La verdad, bolas de cristal infalibles no tiene nadie, y aunque las expectativas sobre el desempleo de la economía se han cumplido con creces tanto en crecimiento como en generación de empleo y resultados empresariales, acontecimientos ajenos han oscurecido el horizonte que se divisaba. Especialmente los compromisos electorales y sus resultados fueron introduciendo cautela primero y pesimismo después en quienes manejan el dinero de los inversores, y ni siquiera el activismo del BCE en su expansión cuantitativa fueron suficientes como para neutralizarlo.

Los resultados electorales de mayo (autonómicas y municipales) revelaron el riesgo real de un giro en el Gobierno de la nación para 2016 y una paralización de las reformas y la reversión de las decisiones políticas que habían reactivado la economía española. Finalmente, y a medida que se han ido acercando las elecciones generales, el fantasma de la reversión se ha ido diluyendo y la mayoría de los analistas dan por conjurado el riesgo político ahora, utilizando como referencia los datos que la síntesis de las encuestas electorales arroja como resultado más probable.

Despejado tal problema, las estimaciones vuelven su mirada sobre los fundamentales de la economía, que siguen siendo de los más convincentes de Europa, con un crecimiento del PIB que se acercará al 3% también en 2016, una generación de empleo nuevo que rondará el medio millón de personas y un avance generalizado en los beneficios de las empresas, tras arrancar ya hace unos trimestres el crecimiento del crédito nuevo tanto para empresas como para particulares, y tras haber ajustado las sociedades sus balances, con una reducción muy severa del endeudamiento.

Y anclada en tales circunstancias, y ante un escenario de tipos cero para una larga temporada que ha arrastrado a la deuda a rentabilidades negativas, los expertos vaticinan que la renta variable será otra vez la mejor alternativa para lograr retornos en la inversión, con las empresas españolas como opción más ventajosa que las europeas, las emergentes o las norteamericanas. Consideran que el índice selectivo Ibex 35 podría avanzar hasta alcanzar los 11.500 puntos, lo que supondría un avance interanual de más del 10%. La Bolsa española, que además de la incertidumbre política de este año ha encajado la contracción de los valores bancarios en los que es intensiva, es ahora de las más baratas comparativamente con las del resto de Europa. Alemania, Francia o Italia han recogido ya buena parte del impulso otorgado por la política del BCE, que ha abaratado al euro y ha potenciado los precios de las empresas exportadoras. España, aunque no disponga de un tejido empresarial tan manufacturero como el de sus vecinos, debe absorber el retraso acumulado y catapultar las cotizaciones con un crecimiento muy superior al europeo.

Aunque la demanda de crédito contribuirá lentamente a la recuperación de la banca, el BCE mantendrá su compuerta de liquidez abierta, y seguirá comprando deuda pública para limpiar los balances de las entidades al menos hasta marzo de 2017 y con cantidades nada despreciables. Por tanto, la banca tiene más argumentos que antes para convertirse en una opción atractiva de inversión, lo que puede dinamizar la Bolsa. En todo caso, los inversores deben mantener una actitud de selección para tomar las decisiones, poniendo su dinero en empresas con poca deuda, con flujos de caja altos y regulares y que operen en zonas del mundo de elevada demanda y al abrigo de una excesiva competencia, y que dispongan de un buen historial de abono de dividendos que pueda compensar un estancamiento de los precios de las acciones.

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