Mauricio Macri

El conservador del cambio

De ingeniero y empresario, a la Casa Rosada. Mauricio Macri se ha ganado la confianza de los argentinos para poner fin a 12 años de kirchnerismo

Caricatura de Mauricio Macri, presidente electo de Argentina.
Caricatura de Mauricio Macri, presidente electo de Argentina.

"La vida es cambio”, asegura el sitio web oficial de Mauricio Macri (Tandil, Buenos Aires, 1959), en el que se explican en primera persona algunos de los episodios más conocidos de su vida, detalles de su ámbito privado y, por supuesto, las ideas y propuestas del que se ha convertido en el nuevo presidente electo de Argentina. Macri será el primer dirigente no peronista en guiar los pasos del país desde la restauración de la democracia en 1983. Si en algo tiene experiencia este ingeniero civil, político, empresario y dirigente deportivo es en cambiar.

Hijo del relevante empresario Franco Macri, de origen italiano, el hombre que conquistó el 34,3% de los votos en la primera vuelta de las elecciones y el 51,4% en la segunda, ha tenido que luchar contra la imagen de descendiente de una de las familias más adineradas de Argentina para llegar a la Casa Rosada. Pero acercarse a las clases medias y pobres no ha sido la única transformación de este político conservador a lo largo de su vida.

Tras terminar sus estudios de secundaria en el Colegio Cardenal Newman, uno de los centros de élite de su país, el nuevo presidente obtuvo el título de ingeniero civil por la Universidad Católica Argentina en los ochenta e inició su trayectoria profesional trabajando en diferentes compañías, aunque la mayor parte de sus esfuerzos en el ámbito privado los ha dedicado al Grupo Macri. En el holding (que cuenta con empresas dedicadas a diferentes ámbitos, como la construcción, la minería, la industria automovilística o la alimentación) ocupó diferentes cargos como supervisor, gerente y presidente.

Sin embargo, la vida de Mauricio Macri, que parecía estar por aquel entonces destinada a seguir un camino marcado sin demasiados sobresaltos, dio uno de sus principales giros en el año 1991, cuando sufrió un secuestro perpetrado por un grupo de policías corruptos. Su cautiverio duró doce días y terminó cuando su familia pagó los seis millones de dólares que le reclamaban para liberarlo. No volvió a ser el mismo tras aquella experiencia, que le marcó para siempre y, según ha explicado en más de una ocasión, le hizo ver la realidad de otro modo muy diferente. “Me sentía como aquellos que se sobreponen a una enfermedad terminal o se salvan en un accidente. Todo me parecía nuevo y frágil”, asegura en su página web. Sin embargo, además de esa nueva forma de mirar el mundo, Macri sufrió también tras el secuestro algunos traumas contra los que tuvo que luchar para alcanzar sus metas.

Comenzó entonces su interés por la política, aunque antes de entrar de lleno en ella se dedicó a una de sus pasiones: el fútbol, más concretamente el mítico equipo argentino Boca Juniors, que llegó a presidir entre 1995 y 2008. Entró en la directiva cuando el club atravesaba una situación complicada y, pese a las dudas de muchos sobre su gestión, en esos años se ganaron un total de 17 títulos.

Después de ser secuestrado, sufrió algunos traumas contra los que tuvo que luchar para poder alcanzar sus metas

En medio de esa aventura en el mundo deportivo, que parece que le dio la confianza suficiente para afrontar el siguiente cambio, comenzó la andadura en la política. Se presentó a las elecciones a jefe de gobierno de Buenos Aires en 2003 por el partido de centroderecha Compromiso para el Cambio, cuya fundación impulsó. Aunque en esa ocasión perdió en segunda vuelta, llegó finalmente a la alcaldía de la capital en 2007 con la nueva alianza electoral Propuesta Republicana (PRO). Macri ha ocupado el cargo de regidor de Buenos Aires hasta este año, cuando inició su carrera hacia la Casa Rosada.

Su padre declaró que no pensaba que su descendiente fuera a ganar nunca. Y es que la relación entre ambos ha sido siempre complicada, con algunos momentos especialmente delicados, que incluyen el apoyo de Franco al kirchnerismo. “En él conviven dos personas, una que me ama y otra que me boicotea”, llegó a asegurar el nuevo presidente en una entrevista. Sin embargo, las aguas parecen haber vuelto a su cauce y la prensa argentina habla de reconciliación entre ambos.

También corren ríos de tinta sobre otros aspectos de su vida privada (como es habitual en la política Argentina). Mauricio Macri despertaba desde joven el interés de la prensa del corazón por sus amoríos. En la actualidad, está casado en terceras nupcias con la empresaria de la moda Juliana Awada, de 41 años, con quién aparece frecuentemente en los medios mostrando una idílica felicidad. Apoyo incondicional para él durante la campaña, con la nueva primera dama (15 años menor que él) tiene una hija de cuatro años que se ha unido a los tres mayores de su primer matrimonio. Macri, que siempre se ha descrito como alguien muy familiar, ha asegurado que la pequeña Antonia le ha hecho vivir la paternidad de una forma muy diferente (“mitad padre, mitad abuelo”, afirmaba en su Twitter).

También en el terreno personal, la prensa argentina asegura que conserva muchas de sus amistades de toda la vida y que da especial valor a la opinión de esas personas cercanas. Uno de ellos es Nicolás Caputo, que fue su compañero de colegio, el encargado de realizar el pago de su rescate y, hoy en día, continúa en su retaguardia como asesor y consejero.

Pese a sus esfuerzos para mostrar sus virtudes, en la hoja de ruta del presidente electo para poner fin al kirchnerismo pesan también algunas manchas, como las causas que tiene pendientes con la justicia. Absuelto en el pasado de cargos por contrabando que afectaban al grupo familiar, en la actualidad, está procesado en un caso de escuchas ilegales.

A juzgar por los resultados electorales, esos casos parecen haber quedado a un lado, igual que otro de los defectos que siempre se le han achacado: sus pocas dotes para la oratoria y la sensación de una cercanía mayor a las clases altas que al resto de los estamentos de la sociedad. Sin embargo, asesores y esfuerzo personal consiguieron que el nuevo presidente venciera esas barreras (dicen algunos que motivadas por la experiencia del secuestro) para entablar conversación con la población e interesarse por sus problemas.

El camino de Mauricio Macri hasta la presidencia no ha estado precisamente plagado de rosas, pero tampoco lo estará el reto al que se enfrenta a partir de ahora el primer dirigente conservador de Argentina en muchos años.

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