Se consiguen prendas más ligeras

Adiós a la sastrería tradicional, llega el termosellado

Detalle del termosellado en una chaqueta de Herno.
Detalle del termosellado en una chaqueta de Herno.

La innovación llega a la sastrería. Las técnicas de cosido tradicional que realizan los grandes sastres, donde las puntadas son obra de arte, pueden pasar al olvido con la irrupción de la tecnología y una nueva manera de entender la sastrería. Es el camino que ha iniciado la firma de moda italiana Herno, fundada en 1948 en Lesa, a orillas del Lago Maggiore, que en su deseo por innovar han comenzado a sentar las bases de lo que denominan la sastrería del futuro. Se trata de aplicar el termosellado o el termograbado, métodos ambos que permiten la elaboración de prendas extremadamente finas y ligeras.

En esta casa, así lo asegura su presidente Claudio Marenzi, no sirve con diseñar una prenda solo bien hecha, ya que no es suficiente hoy día para ser líderes en el mercado, sino que son esos pequeños detalles los que marcan la diferencia. En Herno saben que la alta tecnología es el valor añadido al concepto de sastrería urbana, que se impone en los armarios de los profesionales. Eso sí, sin olvidar el pasado. De esta manera incorporan textiles de alto rendimiento y procesos de producción revolucionarios, que conviven con métodos tradicionales. Son productos hechos a mano sin la tradicional costura.

Adiós a la sastrería tradicional, llega el termosellado

¿Cómo se consigue? El proceso se inicia tendiendo los patrones, que se han de unir y a los que se aplica una capa de pegamento entre ambos. Seguidamente, mediante la máquina de termosellado y guiado por la mano de un profesional, se va dirigiendo la correcta posición de las piezas.

Acontinuación, una secuencia de pulsaciones con intervalos de calor y de frío las une de forma definitiva. En contra de lo que parece es un proceso lento y muy preciso, que requiere de casi el mismo tiempo que la sastrería tradicional. En ocasiones, la costura se recubre con una cinta especial que garantiza una mayor protección contra el agua. No hay que olvidar que si en algo es especialista Herno es en la confección de impermeables.

Su historia comienza después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Giuseppe Marenzi pierde su empleo para Siai-Marchetti, fabricante de aviones, y busca trabajo en una empresa que fabricaba impermeables. Fue contratado. Su función era hacer el algodón más resistente al agua, utilizando para ello el mismo aceite de ricino que se empleaba en la aviación militar. Al poco tiempo abandonó la compañía para montar su propio negocio. Vio una oportunidad, ya que los alrededores del lago Maggiore son húmedos y lluviosos, así que consideró que un buen impermeable sería una prenda bastante demandada. Ahí se asientan las bases de la compañía, que no son otras que oportunidad, intuición e inventiva.

Primero fueron los impermeables para hombres y más tarde para mujeres, que en la década de los años 60 amplió a los abrigos de cachemira con doble capa. Fue ese el momento en el que comenzó a exportar a otros países de Europa. La colección empezó a diversificarse durante los siguientes años, cuando empezaron a diseñarse chaquetas, trajes y vestidos, también para mujer. Fue también de los primeros italianos, nada más arrancar los años 70, en vender en el mercado japonés, abriendo la primera boutique Herno en Osaka.

Otra seña de identidad de la firma, que el año pasado facturó 60 millones de euros, un 20% más con respecto al año anterior, es el control de la materia prima. Así reconocen en un alarde de transparencia que las plumas que utilizan proceden de Siberia o del valle italiano de Lomellina, o que el nailon les llega de Rumania.

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