Proyectos para el mundo real

El diseño se aleja de la élite y se acerca a la calle

Los diseñadores deben dejar de lado cuestiones estéticas y buscar soluciones útiles para los ciudadanos

Beehaus, colmenas para entornos urbano.
Beehaus, colmenas para entornos urbano.

Sobran mesas y lámparas bonitas y hace falta más diseño para vivir, que no es otro que aquel que facilita la vida cotidiana y transforma el entorno. Porque no son solo los elegantes desfiles que dos veces al año se celebran en Bryant Park (Nueva York), o en París, durante las respectivas Semanas de la Moda. El diseño ha de servir para resolver las necesidades cotidianas de todo tipo, desde la educación, la salud, la sostenibilidad, la conexión entre las personas...

“La vida cotidiana de nuestro mundo es todavía muy precaria en según qué estratos de la población y, sobre todo, en según qué lugares del mundo”, explica Pilar Vélez, directora del Museo de Diseño de Barcelona, editores de un volumen titulado Diseño para vivir, donde se recogen 99 proyectos aplicados al mundo real y que fueron expuestos la pasada primavera. En su opinión, queda mucho por hacer, ya que el diseño no puede desvincularse de las necesidades sociales y debe ir más allá de las cuestiones estéticas y de la tecnología. Afirma Vélez que todos los avances tecnológicos son necesarios pero no todo se resuelve con alta tecnología. “Hay proyectos muy sencillos, de gran simplicidad mecánica que significan una gran aportación y mejora para determinados colectivos. A veces, hay elementos muy simples que dan grandes resultados”, añade.

W+W, lavabo e inodoro.
W+W, lavabo e inodoro.

Por ejemplo, GiraDora, una lavadora y secadora a pedales, ideada por unos diseñadores de California, que mejora la experiencia del lavado a mano de la ropa para familias que viven sin acceso al agua corriente, y con la que se pretende romper el círculo de pobreza. Esta innovación convive, por ejemplo, con una aplicación tecnológica como Intolerapp, que permite detectar, al escanear con el móvil el código de barras de los envases de alimentos, ingredientes que pueden provocar intolerancia alimentarias. Porque, en opinión del diseñador Óscar Guayabero, el diseño permite resolver continuamente graves problemas con un impacto social. “El propio diseño genera nuevos problemas de producción, de gestión, de uso, aunque los más evidentes son los problemas medioambientales derivados de la producción de bienes de consumo”.

Pero también añade que muchas veces son los propios diseñadores los que “adoptamos el papel de héroes incomprendidos”, sobre todo por los industriales, que “nunca han acabado de apostar por el diseño como estrategia empresarial”. El caso de España no es el de Italia, donde tanto la industria como los empresarios han entendido el valor de del diseño. En opinión de Guayabero, aquí existe una gran incomprensión por parte del público, “que lo ha despreciado como un modismo frívolo”, cuando el diseño no es otra cosa que pequeños cambios que pretenden cambiar el mundo, o más modestamente, mejorar de forma abismal el problema que padece un colectivo de gente.

Innovar para los pobres

El gran reto es innovar para el 90% de la población, los pobres del mundo. Se trata de un mercado inmenso, con necesidades no resueltas. Sirva como ejemplo el dato de Villgro, una organización de Chennai (India), dedicada a identificar, promover y comercializar innovaciones que sean beneficiosas para el medio rural, que desde hace 14 años ha hecho posible más de 2.000 invenciones que han mejorado la vida de 350.000 personas.

Por tanto, no se puede despreciar este mercado, apunta el diseñador Óscar Guayabero, comisario de la muestra Diseño para vivir, ni por razones morales, ni éticas ni por razones económicas. Tal vez, añade, “podemos pensar que los productos y servicios que no forman parte de ese privilegiado 10% no son rentables, pero quizás haya que replantear el modelo productivo y económico”. Las reglas por las que se ha de regir el diseño actual pasan por tener un precio asequible, que genere un valor significativo y que satisfaga una necesidad simple, sin florituras.

A ellos va dirigido una camilla plegable de emergencia, que permite no mover al paciente con el fin de evitar otras lesiones secundarias, o el carrito de la compra con motor para ayudar a las personas a ir al mercado sin esfuerzo, o la bota compostable, que se convierte en abono cuando se tira en la tierra... El diseño ha de perder su estatus elitista y adoptar un papel social.

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