Tribuna

Acelerando las reformas en China

El año 2015 ha sembrado la incertidumbres sobre la situación actual y futura de la economía china. Se explica que los analistas intenten descifrar lo tratado en la quinta sesión plenaria del comité central del Partido Comunista Chino (PCC) número 18 reunido a puerta cerrada estos días en Pekín. Acordaron las líneas maestras del decimotercero Plan Quinquenal 2016-2020, que recoge los objetivos y prioridades económicas y sociales que el régimen chino debe cumplir durante los cinco próximos años para relanzar la economía china sobre bases más estables. Es también un instrumento para reforzar la legitimidad política del PCC cuando se acerca el centenario de su fundación, en 2021. El documento será oficialmente presentado y aprobado por la Asamblea Nacional Popular en la primera quincena de marzo de 2016.

La desaceleración económica inquieta a todos. Existe una cierta chinodependencia que afecta mucho a las economías emergentes y en vías de desarrollo exportadoras de materias primas. Pero también a las avanzadas. Preocupan los efectos de la brusca caída de la Bolsa china en junio, la devaluación del yuan en julio y el empeoramiento de algunos indicadores económicos. El valor de las exportaciones e importaciones cayó un 18% y un 15,1% durante los tres primeros trimestres de 2015. Las reservas de divisas, las mayores del mundo, pasaron de cuatro billones de dólares en junio de 2014 a 3,5 billones hoy. Y los mercados no descartan otra devaluación del yuan antes de finalizar 2015.

El PIB chino seguía creciendo un 6,9% en el tercer trimestre, una cifra que sembró dudas sobre la fiabilidad de las estadísticas oficiales chinas. Sigue siendo un crecimiento alto teniendo en cuenta que, según el FMI, la economía mundial lo hará un 3,5% en 2015. El Gobierno reaccionó tomando medidas para evitar un aterrizaje brusco de la economía, entre ellas, inyectar más dinero y abaratar el crédito recortando el 23 de octubre, por sexta vez en menos de un año, los tipos de interés hasta el 4,35%

Las incertidumbres no desaparecerán del todo hasta que Pekín no concrete las reformas estructurales pendientes. En 2013, el tercer plenario del Comité Central anunció que las fuerzas del mercado jugarían un papel decisivo en la asignación de recursos al sistema económico. En 2014, el cuarto plenario insistió en avanzar hacia un Estado de derecho y la lucha contra la corrupción. Las empresas extranjeras exigen más seguridad jurídica y transparencia. Pero en dos años se avanzó al ralentí. La economía sigue muy centralizada y encorsetada en una planificación estatal que blinda un status quo que favorece el peso del sector público y de unos conglomerados empresariales estatales (SOE) poco productivos y muy endeudados que frenan las potencialidades del sector privado, más emprendedor e innovador.

El nuevo Plan 2016-2020 parece apostar decididamente por cambiar un modelo de desarrollo excesivamente basado en los sectores manufacturero exportador por otro más sostenible basado en el consumo interno y los servicios. Ya se camina en esta dirección. El mayor consumo de las crecientes clases medias urbanas ya aportó el 60% del crecimiento del PIB en el primer semestre de 2015 en vez del 50% de 2014. Se verá favorecido por un incremento de los salarios que, a su vez, provoca la deslocalización de más empresas manufactureras hacia otros países vecinos del sudeste asiático.

El Plan pretende mejorar la calidad del crecimiento. Fija un crecimiento normal del 6,5% anual para los próximos cinco años. Urge crecer menos pero mejor, corrigiendo las desigualdades sociales y el grave impacto en el medio ambiente. En primer lugar, erradicar la pobreza que aún afecta a 70 millones de chinos y ampliar la cobertura social a toda la población. Pero para hacerla viable, Pekín entierra definitivamente la política del hijo único que provocó un rápido envejecimiento de la población. En 2025, cerca de una cuarta parte tendrá más de 60 años, una situación que convertiría China en un país envejecido antes que la mayoría de su población pudiese alcanzar unos altos niveles de renta per cápita. Otro reto: aplicar unas políticas medioambientales que prioricen las energías verdes en lugar del carbón. Cabe esperar que China asuma compromisos concretos en la Conferencia Mundial del Clima que se celebrará en París del 30 de noviembre al 11 de diciembre.

Jaume Giné Daví, profesor de ESADE Law school

Normas
Entra en El País para participar