Enoturismo al pie de los Andes

Vino en el ‘Napa argentino’

El Valle de Uco aúna belleza natural, arquitectura local, grandes vinos y buena carne.

El famoso chef Francis Mallmann y su cocina a fuego abierto, heredera de la tradición gaucha.
El famoso chef Francis Mallmann y su cocina a fuego abierto, heredera de la tradición gaucha.

Degustar un ojo de bife acompañado por un malbec y ver, a pocos metros de la mesa, las vides con las que se elabora ese tinto, emblema de Argentina, es uno de los placeres de visitar la bodega Salentein, en el Valle de Uco.

Al pie de los Andes, ubicado a unos 100 kilómetros al sur de la ciudad de Mendoza, en el centro-oeste del país suramericano, ha sido el último en desarrollarse dentro de esta zona viticultora, la más grande de América Latina.

Quienes conocen la región viñatera de California lo llaman el Napa argentino, no solo por la arquitectura y tecnología de sus bodegas, sino por la posibilidad de disfrutar de actividades –cabalgatas, parapente, polo, trekking– en un escenario natural privilegiado.

Fundamos una bodega, fundamos una región, eslogan de Salentein, creada hace 15 años, muestra lo reciente que ha sido la explotación de estos suelos, vírgenes hasta finales del siglo XX.

El programa The Vines of Mendoza facilita el paso de turista a bodeguero

El desarrollo del Valle de Uco como polo viticultor se dio a la par de la modernización que vivieron las bodegas argentinas durante los años noventa, cuando llegaron inversores argentinos y extranjeros y los vinos locales dieron un salto de calidad. A comienzos de esa década, solo diez empresas exportaban, y en 2007 se les habían sumado otras 338, afirma el historiador Felipe Pigna.

Construida por el magnate holandés Mijndert Pon, Salentein ofrece una cálida posada de 16 habitaciones, dos elegantes restaurantes de cocina local, una galería de arte holandés y argentino y una fastuosa bodega que destaca por una enorme cava subterránea, edificada con piedras naturales de la zona e inspirada en los templos clásicos.

A 20 kilómetros de allí, por un polvoriento camino de tierra cercano al pueblo Vista Flores, se llega a las fincas de Clos de los Siete. Así se llama el vino estrella de la gran apuesta argentina de Michel Rolland.

El afamado enólogo francés sumó a este proyecto a seis de sus compatriotas –entre ellos, Benjamin Rothschild– que invirtieron en 850 hectáreas al pie de las montañas y crearon cinco bodegas: Monteviejo, DiamAndes, Bodega Rolland, Cuvelier Los Andes y Flecha de los Andes. Las dos primeras ofrecen hospedaje y restaurantes en los que nunca faltan las carnes asadas, el locro (un guiso) o las empanadas.

En la terraza de Monteviejo, el somelier José Seballe señala los picos nevados: “La cercanía de la cordillera es una ventaja porque garantiza el agua del deshielo para los viñedos”. Rolland compró las primeras 100 hectáreas en 1991 y en 2002 realizó la primera cosecha de Clos de los Siete, elaborada en un 50% de malbec y otro 50% de otros varietales. Exportan a EE UU, Brasil, Bélgica y Francia.

Andes
Vista de las cepas a los pies de los Andes.

A los visitantes con poco tiempo, Seballe recomienda visitar Monteviejo, la única en la que pueden degustarse los vinos de las cinco bodegas y con una terraza que permite apreciar la imponente cordillera que marca su límite.

Para los que se inclinan por la arquitectura, la aconsejada es DiamAndes, obra de Mario Yanzón y Eliana Bórmida, conocidos en la región por un estilo que siempre busca una fusión entre las edificaciones y el paisaje andino. El mismo estudio fue el encargado de diseñar The Vines of Mendoza.

Separado de la Ruta Provincial 94 por un camino árido y pedregoso, es un conjunto de villas cinco estrellas, de piedras autóctonas, maderas y colores terrosos, integradas en la lujosa red Leading Hotels of the World.

Los visitantes llegan hasta este recóndito hotel no solo por el paisaje y su estilo a la vez elegante y rústico, vienen seducidos por el restaurante del reconocido chef argentino Francis Mallmann: Siete Fuegos. Con espacio para 50 comensales, una surtida cava de vinos argentinos y una huerta orgánica a pocos metros de las mesas, este espacio permite probar las siete técnicas de cocina a fuego abierto que los locales han heredado de las tradiciones gauchescas y europeas.

Pirca, curanto, plancha, parrilla tradicional o infiernillo son solo algunas de las viejas técnicas que Mallmann ha refinado. Costillar de chancho al malbec en dos cocciones con puré de papas y pistachos tostados y cordero al asador con papas, hongos, echalotes y rúcula son alternativas de la carta.

Y es posible disfrutarlas bien cerca del trabajo de los artesanos del fuego. Para eso hay que reservar mesa al lado de las parrillas. Se trata de mostrar la experiencia de los típicos asados familiares argentinos, pero con vistas menos frecuentes: un mar de viñedos y altísimas montañas de picos nevados.

Algunos visitantes han quedado tan encantados que se han comprado una parcela allí. Ser propietario y elaborar un vino del Valle de Uco con sello propio y el asesoramiento de enólogos de renombre es una de las ofertas de The Vines of Mendoza.

El programa Private Vineyards suma ya más de 150 propietarios de todo el mundo, sobre todo de EE UU y Brasil. El éxito de la propuesta tiene una explicación: llegar a estas tierras es muy difícil, pero despedirse es más complicado aún.

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