Editorial

Retos para los próximos cuatro años

Mariano Rajoy realizó ayer un balance general de la legislatura, tras el Consejo de Ministros en el que se aprobó la convocatoria de las elecciones generales del próximo 20D. Rajoy, que rechazó hablar de pactos poselectorales y aseguró que solo volverá a ser presidente si su partido logra situarse como primera fuerza política tras los comicios, resumió en tres grandes campos los éxitos logrados durante estos últimos cuatro años: empleo, crecimiento económico y confianza. Un balance que atribuyó con una sana dosis de justicia no solo a las políticas de su Ejecutivo, sino “al esfuerzo de los españoles” y que se ha logrado –destacó– sin sacrificar las pensiones, las prestaciones por desempleo o la asistencia sanitaria. Con las cifras en la mano, el presidente del Gobierno recordó que España ha pasado de destruir 1.430 empleos al día a finales de 2011 a crear 1.492 diarios en este año; ha visto nacer 72.000 nuevas empresas solo en 2014; ha eliminado 2.300 entidades públicas –lo que ha supuesto un ahorro de 30.000 millones de euros– y ha saldado una factura de las Administraciones públicas con los proveedores cifrada en 75.000 millones.

Más allá de los números, el balance de la legislatura se puede resumir en una frase: se ha logrado hacer el duro trabajo que era necesario hacer. El Gobierno ha corregido buena parte de los graves desequilibrios que arrastraba nuestra economía y ha puesto el motor de la actividad en marcha para que el país vuelva a crecer. La radiografía de España en 2015 es muy diferente a la de hace cuatro años. Un cambio que puede cifrarse en una tasa de crecimiento del 3%, que nos sitúa a la cabeza de Europa, y que se ha logrado gracias al abaratamiento de la financiación, la reapertura de los canales de crédito y la reactivación de la demanda interna.

Pese a ello, no todo el trabajo está hecho, dada la magnitud de la tarea que implica sacar a un país de la crisis económica más dura de la historia económica reciente y ponerlo en tasas positivas de crecimiento. El Gobierno que salga de las urnas el próximo mes de diciembre recibe el testigo de una economía sustancialmente saneada, pero que porta todavía profundas y graves cicatrices. Una de ellas, probablemente la principal, es la enorme masa de desempleados que los años de la recesión han dejado en España. Una herencia dolorosa que el sistema tardará tiempo en absorber y que requerirá de un ritmo de creación de nuevos puestos de trabajo que el presidente del Gobierno cifraba ayer en medio millón anual. Rajoy enumeró lo que considera la hoja de ruta del Gobierno de España para los próximos cuatro años: seguir avanzando en la reforma de la función pública y en la unidad de mercado; reforzar la I+D y la agenda digital y pactar un nuevo modelo de financiación autonómica.

A esa lista de grandes objetivos hay que añadir una vieja y urgente asignatura pendiente que ningún Gobierno hasta ahora se ha decidido a acometer: dotar a España de un nuevo modelo productivo capaz de resistir con solidez los embates de los ciclos bajistas de la economía y con músculo suficiente como para permitir a las empresas españolas competir mejor en un mercado cada vez más global. A ese proyecto, que debería ser uno de los ejes centrales de la próxima legislatura, hay que sumar la resolución de la crisis creada por el órdago soberanista que se ha lanzado desde Cataluña. Carme Forcadell, nueva presidenta del Parlamento catalán, fijaba ayer como gran objetivo político el inicio de un proceso constituyente que alumbre una cámara soberana y un Estado republicano en la región. Afrontar con firmeza e inteligencia el grave problema político y económico que este reto supone no solo para Cataluña, sino para el conjunto de España, será una de las grandes claves que marquen el éxito o el fracaso de la próxima legislatura.

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