Rueda, La Seca y Serrada concentran la mayor parte de los viñedos

Un recorrido por el corazón del cultivo de las vides

La Ruta del Vino de Rueda hace este año una parada en Matapozuelos, en la cocina del estrella Michelin La Botica

Imagen de la fiesta de la vendimia en Rueda, celebrada a principios de octubre.
Imagen de la fiesta de la vendimia en Rueda, celebrada a principios de octubre.

Rueda (Valladolid) se despierta a las once de la noche. Tras la cena, sus vecinos salen del bar, se cambian los zapatos por botas y, con chaqueta en mano (hay unos 10 grados), se van a los viñedos a trabajar. En el campo, a lo lejos, un enjambre de luces pulula en la oscuridad. Son las vendimiadoras en plena faena que irrumpen la quietud de un municipio de 1.332 habitantes.

El trajín de los tractores llenos de verdejo (uva autóctona), agricultores y bodegueros altera también ese sosiego castellano hasta el punto de crear algún atasco en plena madrugada. Así hasta las seis de la mañana, cuando la ciudad se duerme y todo vuelve a la normalidad.

Es la rutina en épocas de vendimia en Rueda, La Seca y Serrada, donde se concentra la mayor parte de los viñedos (aunque abarca otras 10 localidades e incluso colinda con Ávila y Segovia). Una experiencia de recolección única –que ya lleva diez años–, más propia de esta región vitivinícola en la que predominan los cultivos en espaldera.

La vendimia nocturna es una experiencia única

Influye también ese afán de protección o mimo extremo del mosto para evitar su oxidación y conservar sus propiedades aromáticas, gracias a la ausencia de luz y la baja temperatura. El resultado: un vino fresco, afrutado y de calidad mínima muy alta, destaca con devoción Pablo del Villar, presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen (DO) de Rueda y dueño de la bodega Hermanos del Villar.

En familia, con amigos, solo o en pareja, déjese cautivar por el corazón de Castilla, por sus campos de cereales y explotaciones de ovino con el Duero a su izquierda; su gastronomía contundente; riqueza histórica, costumbres religiosas, patrimonio cultural.

Unas tierras que desbordan pasión, entrega y orgullo por lo que hacen: el cultivo de la vid. Elija usted mismo la ruta, las ciudades a visitar, con reservas anticipadas, y pase un fin de semana entre viñedos, bodegas, copas y buena comida.

Rueda

Una máquina vendimiadora en los campos de la bodega Hermanos del Villar (Rueda).
Una máquina vendimiadora en los campos de la bodega Hermanos del Villar (Rueda).

El punto neurálgico. Antes de la vendimia nocturna, recargue fuerzas y deguste unas tapas en Casa Lola (tortilla de patatas, ventresca, espárragos blancos, quesos...) acompañadas de un verdejo del año, como el Oro de Castilla. Esta empresa familiar, con 20 años en el mercado, ofrece también alojamiento.

Almuerce, al día siguiente, unas chuletillas de cordero, níscalos y judiones de temporada, chorizo a la sidra y ensalada con un tinto Yllera de 2014 en el restaurante El Hilo de Ariadna, en las Bodegas Grupo Yllera, unas de las más conocidas por sus laberínticas galerías subterráneas y donde cada botella evoca a un personaje del mito del Minotauro.

Muy cerca está Mocén, una bodega peculiar, que conjuga arte y enología, del famoso tabernero madrileño José Luis Ruiz Solaguren, ya fallecido. Además de recorrer sus cuevas mudéjares del siglo XVI, podrá curiosear entre sus aficiones (los toros), colecciones (pinacoteca y biblioteca), fotografías y anécdotas de afamados personajes de los setenta y los ochenta –“amigos”– del deporte, la política, el arte y la literatura (como Curro Romero, Ava Gardner, Camilo José Cela o Ernest Hemingway) que marcaron la historia de una época.

Después, viaje 14 kilómetros al suroeste hasta Nava del Rey, para conocer una de las tres bodegas ecológicas de la ruta, Menade, o la vuelta al cultivo tradicional de hace 50 años, “sin químicos ni producción de escala”. Sorprenden los de vendimia manual, el Nosso y el V3 (con ocho meses en barrica). Siga en modo eco y visite (25 minutos) la pequeña y sencilla bodega Verderrubí (Rubí de Bracamonte). Pruebe el Pita, vendimiado a mano, con ocho meses en barrica.

Bodegas subterráneas de Mocén.
Bodegas subterráneas de Mocén.

Medina del Campo

La villa de las ferias por excelencia. Pasee por su casco histórico: la plaza mayor, el Palacio Real o Testamentario de los Reyes Católicos, el mercado o, en lo alto, el impresionante Castillo de la Mota, una fortaleza del siglo XV. Y para los más devotos, el Centro Cultural San Vicente Ferrer, que desvela el origen de la Semana Santa y la fuerte tradición religiosa.

Puede irse de tapas, catar los artesanos Quesos de Juan o comer un lechazo en el restaurante Villa de Ferias. Apure la sobremesa y viaje 10 kilómetros hasta Castelo de Medina, en Villaverde de Medina, una bodega que obtuvo este año medalla de oro en los premios Cinve (Concurso Internacional de Vinos y Espirituosos) por su Castelo de Medina Verdejo 2014.Su gama incluye tintos y rosados.

Olmedo

Después de tantos traslados toca un momento de relax en el Castilla Termal Balneario de Olmedo. Un antiguo convento mudéjar en el que estuvieron recluidas Teresa de Jesús y Juana la Loca, y que hoy sigue siendo un templo de paz gracias a sus aguas terapéuticas: combate el estrés, mejora las afecciones de la piel y contracturas musculares.

Pero visite antes el Parque Temático del Mudéjar, ideal para los niños, con réplicas de los principales monumentos de Castilla y León. Y si quiere darse un capricho, parada obligada es La Botica (Matapozuelos), un restaurante con estrella Michelin que acaba de incorporarse en la ruta y que imprime en cada bocado los pinares y productos de la tierra.

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