Editorial

Los autónomos, un activo a potenciar

Los más de tres millones de trabajadores autónomos que hay en España son un activo característico tanto del ámbito empresarial como del mercado laboral español. Los trabajadores que desempeñan su actividad con este modelo son responsables de uno de cada tres puestos de trabajo que se crean en España, una razón con suficiente peso específico como para hacerlos merecedores de las mayores facilidades para que puedan ejercitar su labor. No hay mejor política de empleo que el impulso a aquellos que lo crean, y el colectivo de autónomos figura con todos los honores en este virtuoso grupo.

Mucho antes de que se pusiese de moda el término emprendedor para denominar a la iniciativa empresarial, los trabajadores por cuenta propia la venían ejerciendo. Porque un autónomo es en realidad un verdadero emprendedor desde su origen, por mucho que en los últimos años la crisis haya acercado más el empleo por cuenta propia al ámbito de las soluciones al desempleo. Es en este sentido en el que merece especial atención el decálogo de propuestas para impulsar el autoempleo presentado por la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA), una de las principales asociaciones de trabajadores por cuenta propia. Articuladas en varios ejes y bajo el título de Solucionar la vida a los autónomos, las propuestas de ATA pasan por introducir cambios en la fiscalidad, en la cotización a la Seguridad Social y en la protección social de los autónomos, entre otros campos de actuación.

Cierto es que el Gobierno ya dado pasos importantes para mejorar la situación de los autónomos, que en parte correspondían a antiguas reivindicaciones del colectivo y que, con mayor o menor intensidad, fueron celebradas por las distintas asociaciones que lo representan. Y es misión de la Administración insistir en la línea no de “solucionar la vida” a los autónomos, sino de crear el marco adecuado para que sean estos los protagonistas de sus propias soluciones.

Algunas de las propuestas del citado decálogo deben ser muy tenidas en cuenta, especialmente aquellas que se refieren a dotar de mayor flexibilidad a su actividad de emprendimiento. En esa línea, parece lógico que el colectivo pueda abonar sus cotizaciones trimestralmente y no obligatoriamente de forma mensual, como sucede ahora, debido a que cada vez hay más trabajos temporales que dificultan el pago de las cotizaciones cuando no hay actividad. O poder cambiar de base de cotización también cuatro veces al año, en lugar de dos como ocurre ahora, para facilitar la adecuación de los ingresos de cotización en cada momento.

El fomento del autoempleo es una política indiscutible, siempre que no se confunda con inútiles subvenciones, se dirija a autónomos verdaderos y vaya de la mano de un riguroso control del siempre indeseable fraude fiscal.

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