Editorial

Nadie quiere que el petróleo suba de precio

El precio del petróleo está rondando en las últimas sesiones los niveles mínimos cíclicos, para volver a las cotizaciones de 2009, tras haber pasado por los precios más elevados de su historia en la primera mitad de 2014. Desde entonces ha caído más del 50% y todos los indicios apuntan a que su descenso no ha concluido, porque, entre otras cosas, parece que nadie está verdaderamente interesado en que suba, con la única excepción de las economías que tienen monocultivo exportador con el crudo. Primero por la sobreproducción en Estados Unidos, después por la esperada incorporación de Irán al mercado y ahora por los riesgos de contracción de China, el mercado sigue marcando precios descendentes en el oro negro, y hasta los volúmenes invertidos en los fondos de materias primas se contraen notablemente en junio y julio. En concreto, en julio han salido de los fondos cotizados intensivos en petróleo más de 6.500 millones de dólares, tras una salida más moderada en junio. Del petróleo depende la tercera parte del consumo de energía en el mundo, y solo China importa ya más crudo que toda la OCDE para alimentar su vertiginoso crecimiento y ha intensificado sus inversiones y acuerdos de colaboración industrial con los países productores para asegurarse el suministro; pero las dudas sobre la sostenibilidad de su crecimiento empujan el precio a la baja, aunque no son solo tales circunstancias las que lo hacen.

Estados Unidos ha encontrado alternativas energéticas lo suficientemente poderosas como para modificar el statu quo del petróleo, y no está habiendo reacción de los productores sindicados en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a tales manifestaciones. Más al contrario: una alambicada tesis, pero no por ello increíble, asegura que Arabia Saudí no mueve un dedo por reducir la producción para que el precio siga cayendo, y poner así de rodillas a economías que, como la rusa del belicoso Putin, dependen en un 50% de sus ingresos del crudo. Y en tal argumentario sigue el primer productor del mundo, sin convocar cumbre alguna de la OPEP más allá de la extraordinaria de diciembre, como si no fuese con él. Arabia Saudí considera, además, que un precio más bajo del petróleo desincentivará la producción en varios lugares del mundo por ser anticompetitivos, y algunos de los actores serán expulsados del mercado para equilibrar de nuevo las cuotas de producción y los precios.

Con el petróleo están bajando los precios de casi todas las materias primas, y hasta el oro, tradicional refugio de inversores, están descendiendo hasta niveles de hace varios años. Aunque a determinadas zonas económicas como Europa beneficia este descenso, debería ser controlado, puesto que de él dependen los ingresos de varios países que también pueden ser un riesgo para el crecimiento mundial.

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