Tribuna

El reto incompleto de la economía española

Todos los que nos dedicamos a la gestión del talento estamos de acuerdo: la situación del empleo en nuestro país está mejorando. Lo dicen los datos macroeconómicos, que indican que la tasa de paro ha alcanzado su nivel más bajo en cuatro años, mientras que la afiliación a la Seguridad Social se ha consolidado por encima de los 17 millones de personas, el índice más alto desde diciembre de 2011.

Es una información que se complementa con otros indicadores económicos que se escapan de los grandes gráficos, pero que están ahí, en el día a día de nuestra sociedad. Por ejemplo, para el sector cervecero, son especialmente esperanzadores los últimos datos de creación de empleo en la hostelería y la apertura de nuevos establecimientos. De hecho, fue la actividad que más creció el pasado mayo, consolidándose como uno de los principales motores de la economía.

El sector destinado a elaborar, comercializar, distribuir, publicitar y estudiar la cerveza dio empleo en 2014, de forma directa o indirecta, a 257.000 personas, mientras que la aportación al Estado de esta actividad económica fue superior a los 3.400 millones de euros.

Desde los años noventa, España se sitúa como uno de los diez principales productores de cerveza a nivel mundial, lo que demuestra la vinculación entre cerveza y economía. De hecho, muchos expertos consideran que los datos de consumo de nuestros productos son un indicador adelantado muy fiable del índice de confianza de los consumidores. Según Cerveceros de España, en 2014 el consumo de cerveza entre los españoles aumentó un 2,3% respecto a 2013.

Esta mejoría también se deja sentir en el mercado de trabajo, aunque todavía queda mucho por hacer. Todos los agentes sociales debemos impulsar un cambio de paradigma para apoyar a algunos de los colectivos que más problemas tienen a la hora de encontrar trabajo.

El primero de ellos es, sin duda, las más de 377.000 personas que acceden por primera vez al mercado laboral. Es preocupante que uno de los desafíos a los que tiene que hacer frente la sociedad española sea ofrecer a la generación más preparada de nuestra historia las oportunidades necesarias para desarrollar su talento y sus ideas de negocio dentro de nuestras fronteras. Las empresas tenemos que contrarrestar la fuga de cerebros apostando por el empleo joven a todos los niveles, con iniciativas de formación y empleabilidad. Al fin y al cabo, los jóvenes quieren trabajar en compañías españolas y contribuir al desarrollo de nuestro país.

También debemos mantenernos al lado de otros colectivos que tienen mucho que ofrecer, como los jóvenes en riesgo de exclusión social y las personas con discapacidad intelectual. Las compañías tenemos que ser capaces de ofrecer programas de formación y empleo a estos colectivos; de ayudarles a lograr una integración completa en la sociedad.

Todo esto se enmarca en el convencimiento de que los profesionales son el principal motor de cualquier compañía. Las empresas que han invertido en la formación y desarrollo de su plantilla durante los años más duros de la crisis se encuentran, ahora que llega la recuperación, con muchas ventajas. Unos empleados motivados, formados y con perspectivas de desarrollo profesional son el mejor impulso para el crecimiento e innovación de las compañías. Por el contrario, aquellas empresas que han descuidado a sus empleados en estos años, se encontrarán con la dificultad de recuperar su fidelidad ante la reactivación del mercado de trabajo.

Sabemos que han sido años duros para la economía, en los que muchas compañías han sobrevivido gracias a grandes sacrificios de sus profesionales. Ahora, el tejido empresarial de nuestro país debe recoger el guante y, cuando los datos positivos se asienten, asumir su papel como creadores de empleo de calidad. La conciliación, la gestión de carrera de cada persona y las oportunidades en el extranjero son solo algunos de los retos que debemos resolver para seguir construyendo futuro. Al fin y al cabo, se trata de una relación de mutuo beneficio: las compañías obtenemos el impulso necesario para continuar creciendo, mientras que los profesionales desarrollan su carrera profesional y sus planes personales. Todo para obtener el mejor resultado: contribuir al desarrollo de la economía de nuestro país.

Jesús Domingo es Director general de Personas y Organización de Mahou San Miguel.

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