El Foco

Sueño de una noche de verano

En el bosque encantado del rey Oberón, la sublime literatura de Shakespeare teje una divertida trama en la que participan los enamoradizos aristócratas atenienses, una singular y proletaria compañía de cómicos y unos personajes mágicos que dictan caprichosamente el destino de los humanos. Por su astucia y picardía destaca Puck, un duendecillo que anima la trama con sus continuas provocaciones...

Es el sueño de una noche de verano, que, como no podía ser de otra manera, acaba con las luces del alba. Por la mañana, nadie recuerda nada, pero todo queda solucionado.

No he dejado de pensar en esta obra, desde la presentación del proyecto de los Presupuestos Generales del Estado para 2016, en la primera semana de agosto. Y, ciertamente mi evocación lírica puede tener algo que ver con tan anómalas y tórridas fechas, pero mucho más con la comedia que vamos a representar, ejecutivo y legislativo, bajo la atenta mirada del cuarto poder y ante la incomprensión de los atónitos ciudadanos.

Un trámite tan relevante en el sistema democrático como la formulación y aprobación de los Presupuestos del Estado ha derivado en un simple episodio de la campaña electoral del partido del Gobierno. Unos PGE que van a tener una vida efímera. Nadie duda que serán aprobados por las Cortes Generales, donde el PP ejerce su mayoría absoluta sin ningún tipo de contemplaciones. Después de un acelerado trámite veraniego, a mediados del mes de octubre dispondremos de un documento listo para entrar en vigor el uno de enero de 2016, fecha que trasciende al mandato constitucional del señor Rajoy. Todos los estudios demoscópicos revelan la nula probabilidad de repetición del actual escenario político e incluso podemos aventurar que hay una más que notable probabilidad de un cambio de signo en el gobierno estatal. El nuevo presidente español no va a estar precisamente muy entusiasmado con unos Presupuestos en los cuales ni ha intervenido, ni le han aceptado aportación alguna, por lo cual parece evidente que no procederá a su ejecución, sino más bien a su derogación y sustitución.

El nuevo presidente no vaa estar muy entusiasmado con unos Presupuestos en los cuales ni ha intervenido

Se habrá tratado de un sueño, o si se prefiere, de una comedia de una noche de verano. Con los primeros rayos solares, se desvanecerán sin dejar rastro.

Conviene analizar en este contexto el proyecto del Presupuesto. No se trata de un documento diseñado para ser ejecutado y regir las finanzas públicas durante el próximo ejercicio. Se trata de un inteligente artefacto cuyos objetivos no trascienden más allá de la contienda electoral de finales de otoño.

¿Acaso no resulta conveniente para los populares congraciarse con los centenares de miles de funcionarios a los que se retorna la paga que se les había retirado, se les retornan los moscosos y se les asciende el sueldo cuatro veces más que los sufridos pensionistas? En unas cuentas los guiños a los colectivos afines al PP contrastan con la incapacidad del gobierno para incentivar la economía productiva: las políticas de gasto dedicadas a los sectores económicos experimentan recortes incomprensibles, del 13,3% en Agricultura, del 9,5% en Industria, del 2,7% en infraestructuras y del 23,3% en “otros sectores económicos”. Tamaño despropósito no parece responder más que a la vocación burocratizadora y centralizadora del ejecutivo. Para muestra un botón, la política pública que experimenta un mayor aumento es la destinada a “servicios de carácter general” con un incremento del 19,9% sobre el ejercicio anterior.

Es la constatación de la prioridad que ha sostenido el gobierno de Rajoy durante todo su mandato. Ante la agudización de la crisis económica su respuesta podía ser la creación de un entorno cooperativo, negociando con las fuerzas políticas, económicas y sociales un paquete de medidas para repartir los esfuerzos entre los distintos agentes, o bien, la que escogió, la de erigirse en el protagonista central y excluyente. Esta elección ha comportado unos ajustes que han afectado en demasía a los más débiles y a las clases medias, ha afectado gravemente a las pymes y a los autónomos, siempre postergados ante los intereses de los sectores empresariales regulados tan afines al PP. La salida de la crisis no solamente ha resultado más injusta, sino que también ha sido menos eficiente y puede resultar incluso mucho menos sólida.

La salida de la crisis no solo ha resultado más injusta, sino que también ha sido menos eficiente

La solución de Rajoy pasaba por recuperar poder para la Administración General del Estado. Había que debilitar a las Autonomías y a los Ayuntamientos. No podía confiarse en ellos, antes bien debían ser objeto de una permanente y obsesiva vigilancia por parte de la burocracia central. Por ello, y a pesar de las restricciones presupuestarias, no ha habido disminución apreciable del sector público estatal, al que estos Presupuestos terminales reintegran sueldos, dotaciones y prebendas para premiar su encomiable labor de acoso y derribo de las administraciones territoriales. El panorama es desolador. Lo reconoce la propia Autoridad Fiscal independiente que insta al Gobierno, sin ningún éxito, a repartir mejor los objetivos de déficit entre administraciones y sobre todo a cumplir la Ley, procediendo a revisar el sistema de financiación autonómica. Y, en el proyecto de 2016 un último regalo: las transferencias a CC AA y entidades locales experimentan un aumento claramente inferior al de los ingresos impositivos. El legado de Rajoy consiste en una vuelta de tuerca más a unas entidades cuyo cometido básico es la prestación de servicios sociales, sanitarios o educativos. Estrangular a las Comunidades significa afectar gravemente los derechos sociales de los ciudadanos. Hasta el último día el Gobierno continúa su labor centralizadora y burocratizadora, con la obsesión de controlar con pánico a todo lo que significa cooperar y dialogar.

En el bosque Shakespeareano, el bellaco duendecillo Puck proseguía incansable sus poco loables objetivos. Nada parecía poner coto a sus desafueros, hasta que acabada la agitada noche, se restableció el justo devenir de los mortales. ¡Todo llegará!

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