Editorial

Qué hacer con los residuos nucleares

Solo 12 horas después de que el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) autorizase el inicio de las obras externas para la construcción del cementerio nuclear en Villar de Cañas (Cuenca), el Gobierno de Castilla-La Mancha lo ha paralizado. Utilizando una poco justificable ampliación de la zona de espacio protegido de la Red Natural de la Laguna del Hito, desde las 1.000 a las 25.000 hectáreas, el Ejecutivo de Emiliano García Page pretende congelar una decisión que se retrasa ya varios años y que en cualquier economía y sociedad avanzada estaría resuelta hace décadas. Con la decisión de ayer, cualquier modificación del terreno protegido debe ser autorizada por Castilla-La Mancha.

Este bloqueo, que se produce pese a que una consejera socialista del CSN votase a favor del emplazamiento del cementerio, y de las presiones de Podemos al PSOE para tratar de impedirlo, debe ser superado. España debe resolver ya el tratamiento de sus residuos si mantiene una apuesta, aunque sea limitada, por la energía nuclear. Hasta ahora se depositan en Francia, en virtud de un acuerdo con Areva de coste creciente. Cada vez tiene menos sentido, salvo por motivaciones de política de vuelo corto, bloquear un cementerio nuclear para enterrar nuestros propios residuos, cuando el grado de seguridad que proporciona la tecnología se acerca al pleno.

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