Editorial

La importancia de tener las cuentas controladas

Las dos variables que más han tensado su evolución durante la interminable crisis económica han sido el desempleo, desde el punto de vista social, y la deuda pública, desde el punto de vista financiero. Aunque aparenten distancia conceptual, tienen una directísima relación, y sin el control del endeudamiento es más complicado domeñar el desempleo. Sin una financiación soportable, no es posible la inversión, y sin ella no es posible el crecimiento que absorba el desempleo.

Si de 2007 a 2013 el número de parados pasó de 1,8 millones a seis, y la tasa de desempleo del 8% al 26%, la deuda pública pasó del 35% del PIB, la mitad de lo considerado razonable para no entorpecer el avance de una economía, al 98%, muy por encima de lo soportable. Cuando surgió la crisis el Estado perdió ingentes cantidades de recursos fiscales por el derrumbe de la actividad y se disparó el gasto de los llamados estabilizadores automáticos, que no son sino el gasto por desempleo que se desata para atender las prestaciones de los nuevos parados. La quiebra del ciclo, por tanto, quitó seis o siete puntos de PIB a los ingresos, y sumó otros dos al gasto. Ello sin contar el sobrecoste financiero que suponía para el Estado tener que financiar una deuda pública creciente. En definitiva, que de disponer prácticamente de equilibrio en las cuentas públicas en 2007, el Estado pasó a tener un déficit de cerca del 10% del PIB para pagar los costes de la crisis, y absorber, en parte, las deudas privadas de los agentes que entraban en cadena en default.

En 2007 el Tesoro pagaba 17.000 millones de euros de factura financiera, de coste de la hipoteca, (un 1,5% del PIB), y en 2014 ha abonado 33.000 millones de euros (el 3,3% del PIB), una cantidad bastante superior a lo que cuestan el seguro y el subsidio de desempleo juntos. Y hay que admitir que esta factura financiera no es muy elevada por la reducción de los tipos de interés de la deuda pública, que han descendido de forma intensa por la protección monetaria del Banco Central Europeo. El tipo medio de emisión el último año para España ha sido del 1%, contabilizando todos los plazos de los títulos emitidos, y ha logrado reducir el tipo medio de la deuda viva, tras grandes operaciones de refinanciación, hasta el 3,3%, un nivel desconocidamente bajo, pero que podría reducirse más si la deuda pública logra controlarse y se mantiene el escenario actual de tipos.

El primer trimestre de este año, y por vez primera desde que arrancó la crisis, España ha registrado un descenso en su factura financiera. Del 0,5% interanual solamente, pero primer descenso, a fin de cuentas. Es una magnífica señal de la salud financiera del Estado y todas las administraciones públicas, puesto que aún se registra un ligero incremento de la deuda pública, ya que el déficit fiscal generado es aún superior, aunque sea por poco, al crecimiento nominal del PIB. La bajada de tipos tiene mucho que ver en este primer descenso del coste, tras 27 trimestres de avances ininterrumpidos, pero también la reducción del déficit, que podría cerrar este año en el 4,2% (esa es la previsión comprometida) y descender por debajo del 3% ya en las cuentas de 2016.

Y esa es una de las reglas de oro para garantizar la financiación de la economía: disponer de unas cuentas públicas saneadas que eviten el crowding-out (efecto expulsión ejercido por el sector público absorbiendo los recursos para su financiación) para que los recursos privados se concentren en la economía privada, y mantener así los tipos de interés tan bajo control que otorguen a los negocios un apalancamiento financiero positivo. Esto es, que el rendimiento de una inversión sea superior al coste de financiarla.

El volumen de la deuda pública está ya en niveles muy arriesgados, lo que obliga a disponer de tipos atractivos para financiarla. Ahora la prima de riesgo de España es de solo un centenar de puntos básicos, pero debe ser trabajo inexcusable de los administradores públicos, en todos los niveles, trabajar por no generar déficits adicionales para poder reducir el endeudamiento. Seguramente los tipos de interés van a estar una temporada larga muy bajos, pero no eternamente. Y la vulnerabilidad de la economía española es muy alta como para gestionar con frivolidad la economía; porque, además, los acreedores son en una muy buena parte los inversores externos.

 

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