Editorial

Un camino recorrido y otro por recorrer

Entre los cambios que ha vivido la economía española tras el largo paréntesis de la crisis destaca la corrección de algunos de los profundos desequilibrios que esta había acumulado a lo largo de los últimos años, así como un importante aumento de la competitividad. Ambos factores han permitido a nuestro país pasar de ser, en un tiempo récord, un alumno rezagado de la zona euro a exhibir un ritmo de crecimiento superior a la media de la región. Como recordaba ayer el ministro de Economía, Luis de Guindos, durante un seminario organizado por el think tank Bruegel, la imposibilidad de utilizar el tradicional mecanismo del tipo de cambio monetario para equilibrar la economía ha obligado a España a implementar reformas legislativas profundas –es el caso de la laboral, la financiera y la fiscal– para aumentar el crecimiento económico y la flexibilidad empresarial.

La importancia de esa política, puesta en marcha en 2011, y a la que todavía restan capítulos por abordar, es fundamental. Así lo reconocía el ex ministro de Economía del anterior Gobierno socialista, Pedro Solbes, y lo aseveró Guindos, con las cifras en la mano. De un descenso anualizado próximo al 2% del PIB, España ha pasado a un crecimiento cercano al 4%; de la destrucción de unos 700.000 empleos al año hemos pasado a unas previsiones de cerrar 2015 con una cifra de nuevos puestos cercana a los 600.000; el déficit público se ha reducido a menos de la mitad y el sistema financiero ha sido reorganizado y capitalizado. Todo ello ha redundado en un abaratamiento de la financiación, una reapertura del flujo del crédito, una importante devaluación interna de costes y una reactivación de la demanda.

La política de austeridad fiscal y las reformas estructurales han sido un eje clave para llevar a cabo esta transformación, pero no han sido el único factor que explica este cambio. La política expansiva llevada a cabo por el Banco Central Europeo, la caída del precio del petróleo y la depreciación del euro constituyen el escenario coyuntural que ha ayudado a España a levantar la cabeza y reactivar el crecimiento. Pese a ello, existen todavía riesgos y retos que el país debe afrontar. La rebaja de la deuda pública –que se acerca al umbral del 100%–, la reducción de la enorme masa de desempleados que ha dejado la crisis, la reducción del endeudamiento externo y privado y un aumento aún mayor de la competitividad son algunas de las asignaturas pendientes de nuestra economía. Pero el gran reto que resta por abordar a España pasa por avanzar en el diseño de un nuevo modelo productivo que transforme el perfil de la economía y la prepare para afrontar con mayor fortaleza las futuras crisis económicas, así como los vertiginosos cambios de un mundo cada vez más globalizado.

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