Editorial

Consolidar el tirón del turismo

La industria turística afronta la temporada de verano con muy buenas perspectivas, gracias a la paulatina recuperación del consumo en las familias españolas y al creciente número de visitantes extranjeros. El flujo de viajeros foráneos podría permitir cerrar el ejercicio con 68 millones de visitantes, tres más que el año pasado. Desde el sector hotelero se estima que las pernoctaciones a lo largo de la temporada estival crecerán casi un 20% –con un nivel de ocupación que llegará al 90% en algunas zonas de costa, como Baleares, y al 70% en el interior– mientras que desde el área del turismo rural se espera cubrir hasta el 80% en agosto. Aunque en la industria se reconoce que se anticipaba una campaña más fuerte, las cifras superan las registradas en 2014 y dibujan un mercado que avanza con velas desplegadas, impulsado por una conjunción de factores positivos económicos y geopolíticos.

Entre los primeros destaca una coyuntura macro favorable en España y en el resto de la zona euro, tras los duros años de la crisis. Los europeos cuentan hoy con mayor renta disponible –y por tanto mejores posibilidades para el ocio– que hace apenas dos años. La fuerte recuperación de los mercados británico, francés y alemán, tres economías clave para el turismo español, y la reactivación del consumo en nuestro país explican así buena parte de las optimistas previsiones para la temporada. A ello hay que sumar la caída del precio del petróleo y una depreciación del euro que ha incentivado la llegada de ciudadanos procedentes de Estados Unidos, Asia y Latinoamérica.

También los factores geopolíticos juegan a favor de España. Los destinos de Oriente Medio siguen afectados por la inestabilidad que provocan los conflictos en la región y por el terrorismo, que han hecho pasar el nivel de ocupación en esa zona desde un 95% en 2010 a un 28% en 2014. Ello constituye una beneficiosa inyección para España, pero no supone un crecimiento estructural, sino coyuntural.

Precisamente por ese motivo, la industria turística en nuestro país debe aprovechar el tiempo para resolver sus asignaturas pendientes. La primera de ellas es la recuperación de los ingresos en el sector, que no están creciendo de forma paralela al número de visitantes. El motivo es la extensión imparable del modelo de negocio low cost, que afecta a los alojamientos, pero también al resto de los servicios turísticos y limita considerablemente el aumento del gasto por cliente. Resolver esa ecuación supone apostar por mejorar el nivel de los servicios y adaptar las tarifas a ese estándar más elevado para ofrecer una óptima relación calidad-precio. A todo ello hay que sumar una política fiscal que beneficie al sector y en el que no haya cabida para iniciativas anticompetitivas –es el caso de las tasas turísticas– que jueguen en contra de una industria que constituye uno de los grandes motores de la economía española.

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