Editorial

Un rescate que exija medidas convincentes

Bruselas aguarda a que Grecia solicite en las próximas horas de forma oficial el tercer rescate del país, tras los signos de buena voluntad dados en los dos últimos días por el Ejecutivo de Alexis Tsipras para recomponer las tensas relaciones con sus socios europeos. La solicitud de rescate de Atenas, que probablemente incluya un plazo de expiración mucho más largo de lo previsto y que no se supeditará a una exigencia de reestructuración de la deuda griega, llega tras una firme petición de responsabilidad por parte de Alemania y Francia y una advertencia de Bruselas sobre la difícil situación creada por el no del referéndum. La tregua entre Grecia y la zona euro se escenificaba ayer con la llegada a Bruselas del nuevo ministro de Finanzas del Gobierno de Tsipras, Euclid Tsakalotos, quien transmitió a sus colegas que Grecia está dispuesta a seguir bajo la tutela de las instituciones europeas durante un plazo que podría oscilar finalmente entre los tres y los cinco años. Un periodo que parece más adecuado para afrontar la grave situación del país heleno, así como para la adopción de las reformas estructurales que la economía griega necesita si quiere salir del colapso financiero y económico en que está inmersa. La hoja de ruta para poner en marcha el tercer rescate se iniciará previsiblemente hoy con una reunión por teleconferencia del Eurogrupo, en la que se analizará la petición de Atenas. En caso de ser aprobada, se pondrá en marcha el procedimiento para conceder la asistencia financiera, algo que podría demorarse entre tres y cuatro semanas.

Las declaraciones de los distintos líderes de la eurozona a lo largo de las últimas horas dibujan una Europa unida, fuerte y aparentemente dispuesta a poner fin a la interminable sucesión de avances y retrocesos negociadores que ha llevado a la situación actual. A la espera de que el Gobierno griego presente oficialmente la solicitud del rescate, los líderes europeos deben dejar bien claro a Atenas que el tiempo de la retórica y los incumplimientos ha terminado y que ya solo cabe poner sobre la mesa de negociación propuestas precisas, concretas y convincentes. Todo ello sin ignorar el contexto político en el que se mueve el Gobierno de Alexis Tsipras tras la consulta popular del pasado domingo, que incluye la necesidad de conjugar dos objetivos aparentemente opuestos. Por un lado, presentar un programa de reformas viables y realistas que satisfaga a sus socios y de vía libre al tercer rescate. Por otro, conseguir que el pueblo griego apoye esa solución y no la perciba como una humillación del país, lo que podría desembocar en una crisis política y social de consecuencias imprevisibles. Europa, por su parte, tiene un reto no menos complicado: exigir a Grecia no solo unas condiciones suficientes para conceder el rescate, sino lograr con firmeza y sin fisuras que Atenas cumpla esta vez con la palabra dada.

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