La economía social aporta el 10% del PIB y el 12,5% del empleo

Valores, innovación y abuelos 3.0

Cada vez son más las empresas innovadoras que apuestan por un modelo de cambio social.

En Galicia, personas mayores aprenden a usar herramientas tecnológicas con la ayuda de jóvenes voluntarios.
En Galicia, personas mayores aprenden a usar herramientas tecnológicas con la ayuda de jóvenes voluntarios.

Hablar del voluntariado del conocimiento o de innovación social son términos que continúan sin asociarse al concepto de emprendimiento o empresa. Sin embargo, cada vez son más las entidades, pequeñas en su mayoría, que apuestan por modelos de negocio que equilibran valor añadido, innovación y rentabilidad.

Si bien el concepto de emprendimiento social se está interiorizando en los planes de negocio de las nuevas iniciativas emprendedoras, para llegar a ello se necesita dar un paso previo: la innovación social. Una realidad que, en palabras de May Escobar, directora de Innovación de Fundetec (Fundación para el Desarrollo Infotecnológico de Empresas y Sociedad) se resume en “querer solucionar un problema o cambiar las cosas de una manera innovadora”.

Desarrollar proyectos de innovación social es, en muchos casos, fruto de una serendipia. De hecho, hoy por hoy no existe un registro específico que distinga cuántas de las 11.679 empresas que constan en el Listado de empresas innovadoras del Ministerio de Economía, podrían acompañarse del apellido social.

Tampoco hay constancia de cuántas de las más de 44.500 empresas que integran el sector de la economía social, según el listado 2013 - 2014 publicado por Cepes (Confederación Empresarial Española de la Economía Social), han surgido de iniciativas innovadoras que pretendían dar respuesta a un déficit social, como puede ser mejorar la accesibilidad de los discapacitados a los servicios públicos, abundar en la inserción socio-laboral de personas y colectivos en riesgo de exclusión social o favorecer el envejecimiento activo de nuestros mayores.

Ámbitos todos ellos en los que se presenta un amplio abanico de posibilidades y en los que juegan un papel decisivo las nuevas tecnologías de la información.

Abuelos 3.0 y las TIC

Si la economía social, con una facturación de 152 millones de euros aporta en torno al 10% del PIB y supone el 12,5% del empleo (según datos de Cepes), las nuevas tecnologías no se quedan atrás y de cada 10 empresas 7 están relacionados con el sector de las TIC, lo que en términos de empleo, se traduce en 5 de cada 6, de acuerdo con las estimaciones de la Asociación Comunidad de Redes de Telecentros.

Es precisamente en este ámbito en el que se abren más oportunidades para los innovadores sociales, muchas de ellas orientadas a mejorar la calidad de vida de las personas mayores y que se desarrollan bajo el principio de la colaboración intergeneracional.

Estos nuevos modelos de emprendimiento combinan la iniciativa emprendedora de los jóvenes con “el talento, la experiencia y el tiempo” de lo que podríamos llamar abuelos 3.0, “lo que favorece que los proyectos de innovación sean sostenibles en el tiempo y se conviertan en emprendimientos sociales”, explica Escobar.

Al respecto, Juan Antonio Bertolín, director de Innovación de Espaitec en la Universidad Jaime I de Castellón, añade que “las personas mayores tienen la capacidad de cuestionarse el por qué de las cosas. De este modo, abren los ojos a los más jóvenes y les ayudan a encontrar soluciones ante cuestiones que no han sabido resolver, generando así valor añadido y permitiendo el desarrollo de versiones posteriores”.

Frescura y paciencia

Pero no todas las aportaciones de valor añadido a los proyectos las realizan los mayores. Ángela Ruíz, socia y cofundadora de Robots in Action explica que “los niños y los jóvenes tienen más paciencia y aportan frescura en los proyectos”. La actividad de la empresa se centra en la robótica educativa o, en términos más sencillos, en la construcción de robots con piezas de Lego. Incluso llama la atención de que en su caso “el primer objetivo fue el de trabajar con niños pero pensamos que si el sistema funciona con los más pequeños podríamos adaptarlo al ámbito de los mayores y realizar talleres intergeneracionales”.

Se desconoce qué porcentaje de las 11.679 empresas listadas como innovadoras trabajan en proyectos sociales

Por otra parte, este tipo de actividades de innovación tecnológica orientadas a favorecer el envejecimiento activo benefician el desarrollo de las funciones cognitivas, la psicomotricidad y la comunicación gestual de las personas mayores. Es por ello que desde las distintas Administraciones cada vez son más los programas e iniciativas destinadas a impulsar la innovación social.

En el caso del Ayuntamiento de Madrid se ha pasado de 42 a 89 aulas tecnológicas y de 400 a 900 equipos informáticos entre 2012 y 2015. Además se ha dispuesto una partida de 600.000 euros para que de aquí a 2017 se abran 65 nuevas aulas y se amplíen las horas de formación para mayores en tecnologías de la información desde las actuales 4.000 al año hasta las 6.000. En 2012 eran 400.

En el plano estatal se ha puesto en marcha un conjunto de ayudas y bonificaciones a las empresas innovadoras como las deducciones de entre el 25% y el 42% en el impuesto de socidades para empresas con planes de I+D+i, a las que se añaden las bonificaciones en las cuotas de la Seguridad Social por contratación de personal investigador.

Sin embargo, aún quedan muchos retos. Tanto Bertolín como Escobar coinciden en que “la legislación no ayuda” y que se debe escuchar y cooperar más con los ciudadanos para que las ayudas sean realmente efectivas. “Las instituciones deben aceptar lo que el ciudadano le aporta. Algunas son más que factibles”, afirman.

En definitiva, la innovación social pasa por conseguir un cambio de conciencia que lleve a “empoderar más al ciudadano y le permita tanto ser partícipe del desarrollo de los cambios como poner los medios para conseguirlos”.

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