Grecia podrá hacer poco uso del capital político del ‘no’

¿Una victoria pírrica para Tsipras?

Grecia podrá hacer poco uso del capital político del ‘no’

El saliente ministro griego de finanzas Yanis Varufakis habla junto al nuevo ministro Euclides Tsakalotos.
El saliente ministro griego de finanzas Yanis Varufakis habla junto al nuevo ministro Euclides Tsakalotos. EFE

Yanis Varufakis abandonó ayer el ministerio griego de Finanzas entre vítores y aplausos, una despedida que no es muy habitual para un ministro del área económica y mucho menos para uno que, tras cinco meses en el cargo, deja a su país con un corralito, colgando del hilo del BCE y con una deuda sin pagar en el Fondo Monetario Internacional. La paradójica imagen del popular exministro refleja la ambivalencia del resultado del referéndum del domingo sobre el rescate de Grecia.

El rotundo no a las últimos ajustes propuestos por Bruselas ha refrendado la gestión de Syriza, el partido de izquierdas que el pasado 25 de enero ganó las elecciones tras 40 años de (des) gobierno bipartidista de Nueva Democracia (populares) y Pasok (socialistas). Alexis Tsipras ha logrado deshacerse del líder de Nueva Democracia, Antonis Samarás, último vestigio de la oligarquía conservadora cuyo fraude contable desencadenó la crisis actual en 2009. El primer ministro también ha puesto a raya a su incómodo socio de Gobierno, Griegos Independientes, cuyo supuesto patriotismo antitroika ha quedado en evidencia por la deserción de algunos miembros para apoyar el sí en la consulta.

Los partidos de oposición (salvo los fascistas de Amanecer Dorado y los comunistas de KKE) se rindieron ayer al triunfo de Tsipras, que se ha convertido probablemente en uno de los primeros ministros más fuertes de la historia reciente de Grecia.

Todo ese capital político acumulado por Tsipras, sin embargo, tiene escaso valor fuera de las fronteras de Grecia, como le pasaría con toda probabilidad a un nuevo Dracma. El primer ministro griego es consciente de que en la cumbre extraordinaria de la zona euro que se celebra hoy en Bruselas no se le va a recibir como un héroe de la democracia sino como un negociador desleal que ha recurrido al chantaje de un referéndum para reforzar su posición. La acusación es discutible, porque Tsipras convocó la consulta tras sentirse acorralado por un ultimátum de la troika que le exigía nuevos recortes de pensiones y nuevas subidas del IVA, a sabiendas de que esas medidas agravarían la crisis económica de Grecia y contribuirían a deteriorar la sostenibilidad de su deuda. El propio FMI ha reconocido, en un informe publicado tras la convocatoria del referéndum, que los ajustes en el país no están funcionando, tanto por la desigual aplicación llevada a cabo por Atenas como por su escasa lógica económica. El economista Ashoka Modi, antiguo miembro del FMI, ha llegado a acusar a la troika de negociar con Grecia “con mala fe”, y en particular, a su antiguo organismo.

Países más pobres

La responsabilidad por el descarrilamiento de las negociaciones, por tanto, parece compartida por ambas partes. Pero eso tampoco le servirá a Tsipras para arrancar a partir de hoy un acuerdo sensiblemente mejor al ofrecido por Bruselas hasta finales del mes pasado.

La victoria de Tsipras ha desautorizado (y probablemente desarticulado para siempre) la labor de la troika (CE, BCE y FMI). Pero el largo regateo ha dejado hastiados a muchos Gobiernos de la zona euro. Y en contra de lo que percibe la opinión pública griega, en algunas capitales se considera que Grecia recibe un trato más considerado que el resto. “Nunca antes se había debatido un rescate a nivel de jefes de Gobierno”, señalan fuentes europeas en relación con la cumbre extraordinaria celebrada la semana pasada o la de hoy. El enfado es mayor en países como Estonia, Letonia o Eslovaquia, más pobres que Grecia pero a los que se pide que acepten una quita en la deuda de Atenas.

Con ese ambiente en contra, la exitosa reválida de Tsipras en casa puede convertirse en una victoria pírrica en Bruselas. 

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