El Foco

Optimismo prudente ante el nuevo escenario

Es evidente que la situación económica se ha tornado positiva. Los datos macro así lo corroboran. El PIB lleva creciendo de forma ininterrumpida desde el tercer trimestre de 2013 y cada vez a mayor velocidad. Incluso hay quien se atreve a afirmar que podríamos terminar el año con un crecimiento próximo al 4% en términos interanuales, una tasa que nos coloca a la cabeza de la Unión Europea y nos retrotraería a los mejores años del anterior ciclo económico, con un efecto directo sobre la creación de empleo.

A pesar de todo, el sentimiento de muchos empresarios se resume en un optimismo prudente. Prudente porque somos conscientes de que la actual coyuntura económica, fruto, en parte, de las reformas acometidas durante esta legislatura (principalmente la reestructuración del sector financiero y la reforma laboral), es consecuencia también del viento favorable que aportan las medidas expansivas de política monetaria del BCE, con la consecuente depreciación del euro, y el abaratamiento de los costes energéticos. En definitiva, dos variables que no dependen de nosotros mismos.

Debido a ello, creemos que el Gobierno no debería darse por satisfecho con los datos apuntados y, en su lugar, debería aprovechar esa capacidad que tiene actualmente nuestro país para financiarse en condiciones ventajosas, sumada a una apertura del crédito para las empresas y los ciudadanos, para continuar con su agenda de reformas.

Estas reformas deberían tener como máximo objetivo contener el gasto público, continuando con la ya iniciada reforma integral y adelgazamiento de las Administraciones Públicas e introducir mayores cotas de dinamismo económico en el sistema, favoreciendo en general la actividad empresarial.

Tenemos la sensación de que la legislatura, desde el punto de vista de las reformas, se dio por concluida

Desgraciadamente, tenemos la sensación de que la legislatura, desde el punto de vista de las reformas, hace meses que se dio por concluida, trasladándose las prioridades del Gobierno y del resto de fuerzas políticas al terreno electoral.

Las últimas elecciones municipales y autonómicas han dibujado un mapa completamente novedoso dentro de la escena política e institucional, que ha dado lugar a Gobiernos regionales y municipales formados por partidos que hasta hace poco no existían. Por ello es natural el sentimiento de expectación que muchos expresan, sobre todo cuando no ha habido tiempo para comprobar cuáles serán los auténticos programas posibles en contacto con la realidad económica y empresarial.

Al hilo de este nuevo escenario, los empresarios nos limitamos a recordar lo obvio. Después de ocho duros años de crisis, con cientos de miles de empresas destruidas y tres millones más de desempleados, lo único que necesitamos en este momento de despegue es tranquilidad. Porque gobernar, pensamos, es sobre todo generar confianza y crear marcos previsibles que hagan posible que los inversores y los ciudadanos tomen sus decisiones económicas con la completa certeza de que no se van a cambiar de forma sobrevenida las reglas del juego.

A favor de los nuevos Gobiernos juega una baza muy importante, la certeza de que siempre van a contar con la colaboración de las empresas, y, especialmente, de las empresas familiares, porque su vocación es el largo plazo y trabajar con un horizonte que trasciende las legislaturas.

La buena formación, y con ella la innovación, son pilares sobre los que edificar nuevos modelos productivos

En este año marcado por las citas electorales, los empresarios tenemos que insistir en la necesidad de poner en marcha políticas que incentiven la actividad empresarial e introduzcan dinamismo en la economía justo en el momento en que estamos abriendo un nuevo ciclo de reactivación. Y precisamente, una condición necesaria para ello consiste en garantizar un marco jurídico seguro y previsible. En definitiva, necesitamos un marco de confianza donde se acreciente la unidad de mercado y se afiance la seguridad jurídica.

Justamente en este momento de incipiente crecimiento, y con el fin de acompañarlo y potenciarlo, sería necesario revisar algunos marcos normativos. Si el mercado a día de hoy se ha convertido en global, lo que exige de las empresas una fuerte y constante adaptación, lo lógico sería que el propio sistema laboral fuese capaz de dotarse también de una mayor flexibilidad. Todo ello, además, en un contexto de cambio tecnológico acelerado que transforma las competencias laborales que demandan las empresas.

Muy unido al modelo laboral se halla también el sistema formativo. En relación con este punto, España debería intentar recuperar de forma prioritaria el enorme número de personas sin preparación y con difícil acceso al mercado que ha dejado tras de sí la crisis, al tiempo que conectar el propio sistema educativo, sobre todo en lo que respecta a la Formación Profesional y a las enseñanzas universitarias, con las necesidades reales de las empresas.

Con toda seguridad, la buena formación, y con ella la innovación, constituyen los pilares fundamentales sobre los que edificar nuevos modelos productivos basados en sectores con mayor valor añadido y capaces de abrirse camino con éxito en el mercado global. Sin duda, los réditos que se derivan de este planteamiento son enormes. Nos permitirá crear un empleo de mayor calidad, mucho más estable, elevaremos el nivel de vida de las personas y estaremos mejor preparados para resistir posibles nuevas contracciones en el mercado interior.

Inés Juste es presidenta de la Asociación para el Desarrollo de la Empresa Familiar de Madrid (ADEFAM)

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