Editorial

La ventaja cíclica de la industria turística

Entre 2007 y 2009 el número de visitantes extranjeros al territorio español por motivos turísticos descendió, circunstancia que no había ocurrido nunca desde que existe una serie estadística continuada del movimiento turístico. La crisis que afectaba a todos los países ricos que abastecían a España de visitantes y cebaban su primera industria comenzaba a pasar una seria factura a una de las principales fuentes de actividad, empleo e ingresos externos para equilibrar una balanza de pagos que parecía inequilibrable. Pero la pérdida de interés en España por parte de los extranjeros que acudían a sus playas de manera regular no se produjo solo por el enfriamiento de una demanda resentida con la crisis; respondía también en parte a que comparativamente el mercado español presentaba inconvenientes que lo hacían menos competitivo que en el pasado, sobre todo frente a nuevos destinos animados por las economías low cost. España se había convertido en una parada cara, en la que la calidad había ido más lenta que los precios, doble desventaja que afloraba con las circunstancias contractivas de la crisis, en las que la gente mira los precios, mira la calidad y mira la masificación de algunos destinos de sol y playa.

Pero como otras veces en el pasado, los astros se aliaron con la primera industria española y recuperó los récords sucesivos en cuanto a visitantes y a ingresos, y que este año volverá a repetir según los datos disponibles hasta hoy y las previsiones de los operadores del mercado. Las primaveras democráticas en los países del norte de África desviaron flujos de clientela de nuevo a España en la búsqueda de seguridad, y en paralelo la oferta española había reajustado sus precios para corregir los defectos de su competitividad. Todo ello enlazó con la salida de la crisis de los principales emisores no europeos primero, y europeos después, hasta recomponer los récords de visitantes e ingresos citados.

Además, esta mejora de visitantes ha coincidido también con la consolidación de la recuperación en España, con un crecimiento ya por encima del 3% y con avances en el empleo no inferiores. Ello convierte a España en uno de los países en los que el ciclo tiene mayor potencia, que se trasladará a los resultados de las empresas más dependientes del estado de ánimo de los consumidores, y llegará a sus cotizaciones. Y ahí es donde los inversores disponen de una oportunidad para buscar retornos a sus apuestas, desde las aerolíneas (que gozan además de un abaratamiento de los carburantes sobrevenido nada despreciable) hasta las hoteleras o las centrales de reservas.

Hasta ahora contabilizan este tipo de cotizadas subidas en sus acciones de dos dígitos, aunque en el caso de Amadeus se haya producido una repentina contracción por las decisiones de algunas aerolíneas de competir con ellas en su pequeña tarta de mercado de la intermediación. En todos los segmentos de la actividad turística hay buenas oportunidades para aprovechar un crecimiento esperado importante durante los próximos años. Hay cotizadas hoteleras tanto en el mercado vacacional (Meliá) como en el urbano y de negocios (NH), y varias opciones entre las centrales de reservas, como la citada Amadeus, eDreams o Rumbo. Y existe la posibilidad de, a través de iniciativas de capital riesgo o empresas exteriores, acceder al negocio de las grandes cadenas europeas, las firmas de hoteles de lujo o las enseñas que explotan el floreciente negocio de los cruceros.

Sea en el que sea, el crecimiento está garantizado. Hay que recordar que quedan unos cuantos centenares de millones de personas que están paulatinamente entrando en el mercado turístico. La incorporación continua de viajeros chinos, rusos, brasileños o indios garantiza avances de la demanda notables para los próximos años, y supondrá avances exponenciales en los ingresos de las compañías turísticas. Se trata de una actividad en continua transformación y ampliación y no tiene más frenos que los que pueda imponer la inseguridad en el mundo. España únicamente tiene que cuidar la calidad de sus destinos y la competitividad de sus precios para que siga siendo la primera industria nacional y proporcione retornos a los inversores y a las empresas por las que apuestan, pese a que en paralelo se busque un modelo productivo complementario, que nunca alternativo.

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