Editorial

Una solución razonable para Grecia

Grecia volvió ayer a convertirse en un elemento decisivo en la evolución de los parqués europeos. La jornada comenzó con caídas en las Bolsas y nuevos máximos desde diciembre en el interés de los bonos soberanos, pero la apertura al alza de Wall Street y la noticia de que Berlín podría haber rebajado las exigencias para la última entrega del rescate de Grecia hicieron subir los índices en las principales plazas bursátiles de Europa. El Ibex, que llegó a bajar un 0,6%, avanzó al cierre un 1,46%.

Las informaciones de que Alemania está dispuesta a aceptar un compromiso firme del Ejecutivo griego de acometer algunas de las reformas para desbloquear parte del importe del segundo rescate del país ejercieron de importante revulsivo en los mercados. Los inversores recibieron con entusiasmo una noticia todavía no confirmada oficialmente, pero que apunta a que la dureza germana en la negociación podría haberse suavizado. El mensaje lanzado esta semana en la cumbre de América Latina por París y Berlín pasa por la permanencia de Atenas en la zona euro, pero al tiempo por poner un plazo a unas negociaciones que parecen haberse congelado en el tiempo. El Ejecutivo de Alexis Tsipras tiene hasta el 30 de junio para alcanzar un acuerdo, dado que en esa fecha vence la extensión del rescate y porque es entonces cuando el país debe abonar sus compromisos con el FMI.

El hecho de que Berlín esté dispuesto a proporcionar cierto margen de maniobra a Grecia constituye una buena noticia no solo para los mercados, sino para el conjunto de la zona euro. El problema de Atenas tiene solo dos salidas, una más posible que otra. La primera es presionar al país hasta forzar un Grexit –una salida de la eurozona– que no beneficiaría ni a Europa ni, por supuesto, a Atenas. Y la segunda es precisamente flexibilizar –que no eliminar– las exigencias que debe cumplir el Gobierno de Tsipras para recibir los fondos del rescate. Esta última opción supone apostar por el realismo y el pragmatismo, dado que la precaria situación económica de Grecia y los sacrificios que debe afrontar su población hace poco creíble un calendario estricto de pagos. Una solución razonable y escalonada para Grecia no solo será beneficiosa para los mercados de renta variable, sino también para los de renta fija.

Buena parte del repunte en los tipos de interés de los bonos soberanos tiene mucho que ver con la incertidumbre que llega de Atenas, aunque también con el hecho de que estos se han visto alentados hasta ahora por el plan de compra de deuda del Banco Central Europeo. La confirmación por parte del BCE la semana pasada de que no intervendrá más en el mercado para frenar ventas masivas o movimientos bruscos unida a la previsible calma que parece cernirse sobre las aguas griegas harán volver a los mercados a su cauce y una cierta calma política a Europa.

 

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