Editorial

Todo acuerdo con Grecia es coyuntural

Los mercados financieros recuperaron ayer cierto grado de euforia por la posibilidad de que el Gobierno griego y sus acreedores alcanzasen un acuerdo para recuperar la línea de crédito desde Europa que mantiene viva a la Administración pública helena y para sostener las condiciones de repago de su colosal deuda. Todas las Bolsas europeas reaccionaron al alza con el simple anuncio de un inminente acuerdo hecho por el Ejecutivo de Atenas, al que las autoridades de Bruselas rebajaron la intensidad, a la espera de negociar muchos puntos sobre los que se mantienen discrepancias y que son vitales para los acreedores financieros. Nada se dice de reformar la legislación laboral, de culminar el proceso de privatizaciones ni de cómo garantizar la sostenibilidad a largo plazo de la deuda. Al menos de momento

El Ejecutivo que preside Alexis Tsipras destaca que no tendría que hacer recortes de las pensiones, aunque sí acometer una reforma para el futuro en el sistema de retiro para atajar las prejubilaciones en las que se refugia una franja creciente de griegos, ni reducir sueldos ni recortar el número de funcionarios, lo que le permitiría mantener el nivel de gasto social que siempre se ha negado a atajar. Además, dispondría de un mayor margen fiscal para hacer inversiones y estimular el crecimiento de la economía, que ha vuelto a la recesión desde que él está al frente del país por la incertidumbre generada y la salida continua de capitales. El alivio vendría por una relajación de los niveles de superávit primario exigido a las autoridades de Bruselas.

Las urgencias financieras, en todo caso, apremian a Atenas y esas son las que más han estimulado la búsqueda de un acuerdo, que, en caso de producirse, no será definitivo. Permitirá, eso sí, prolongar la prórroga del rescate con una nueva inyección del dinero pendiente de entrega, que servirá para atender los pagos al FMI para el próximo 5 de junio. En todo caso, griegos y acreedores deben admitir que parece inevitable un tercer rescate financiero, puesto que las necesidades de liquidez siguen existiendo en un país en el que la economía está prácticamente paralizada y que lo fía todo a la ayuda exterior.

Este acuerdo actual, de cerrarse, solo resuelve las dificultades a muy corto plazo. Solo una tercera operación de inyección de recursos condicionados, y un nuevo cambio en las condiciones de repago de esta entrega y las dos anteriores, puede ofrecer la tranquilidad suficiente como para considerar que Grecia seguirá en el euro y dejará de ser una continua preocupación para sus socios, sus acreedores y su ciudadanía. Supondrá en principio engordar más la deuda y seguramente acrecentar la idea de que Grecia no podrá devolverla nunca. Pero la prioridad es serenar la relación y devolver al país al crecimiento y la generación de riqueza para una población cuasi desahuciada.

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