Editorial

Un mercado con un amplio potencial

La recuperación del mercado inmobiliario en España constituye un proceso aún incipiente, pero que día a día da muestras de fortalecimiento. El ritmo de esa reactivación no es ni mucho menos uniforme, ni respecto a las características de los inmuebles que se venden ni en cuanto a las zonas de la geografía española en que se concentra el mayor volumen de transacciones. Pero los datos indican que se trata de un motor que ha vuelto a arrancar y que, en algunos casos, lo ha hecho con potencia. Prueba de ello es el último informe de la consultora CBRE, que sitúa a Madrid como la sexta ciudad del mundo en interés para los inversores en activos inmobiliarios. La capital de España duplicó en 2014 el volumen de inversiones respecto al año anterior y alcanzó una cifra –10.200 millones de euros– no vista desde 2007. Esta sexta posición coloca a Madrid por delante de grandes urbes como Los Ángeles o París y solo por detrás de Londres, Tokio, San Francisco, Sydney y Nueva York. Los analistas esperan que ese tirón se mantenga este año, alimentado por el principal reclamo para el inversor extranjero que apuesta por la ciudad: el atractivo precio de los activos.

El futuro urbanístico de Madrid constituye una oportunidad económica valiosa que debe ser gestionada con eficacia, visión estratégica y sin perder de vista los errores del pasado. Dentro del amplio potencial que la capital ofrece en materia inmobiliaria se encuadra, por ejemplo, la denominada operación Chamartín, un proyecto de ampliación urbanística de la ciudad que fue aprobado por primera vez hace ya 20 años. Pese a que lleva aparejada una inversión de cerca de 6.000 millones de euros, el horizonte de esta iniciativa depende de los resultados electorales del próximo 24 M, dado que todos los grupos políticos –excepto el PP– rechazan el plan o piden empequeñecerlo.

El sector inmobiliario se halla en pleno proceso de recuperación y pocas son las voces que ponen en duda ya que ha dejado atrás los duros días de la crisis. Las seis mayores entidades financieras españolas comercializaron más de 20.000 inmuebles en el primer trimestre de este año, una cifra notable aunque suponga un 4% menos de lo alcanzado en el mismo período de 2014. Pese a que la estabilización de los precios ha permitido mantener los ingresos, la banca cuenta todavía con una gran carga en activos –300.000 millones de euros de exposición en total en el sector– a la espera de que mejoren las condiciones de la demanda y puedan aumentar la rentabilidad. Todo ello dibuja una radiografía de un mercado que tiene por delante un gran recorrido y en el que es importante evitar cuidadosamente las lacras que provocaron la burbuja y llevaron al desastre. Es el caso de la especulación en los precios o de la adopción de postulados políticos en las decisiones sobre un sector que debe regirse –como todos– por criterios económicos.

 

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