Tribuna

Llantos por una huelga

Los futbolistas más privilegiados por su éxito y sus ganancias están tristes. Han decidido acudir a la huelga alegando no estar de acuerdo con el reparto y tributación de los derechos televisivos y añaden que Hacienda y la Seguridad Social los persiguen e inspeccionan. Yo me pregunto, ¿qué no darían los parados por ser objeto del deseo inspector de Hacienda o de la Seguridad Social? Cuánto les gustaría estar en su punto de mira y que les pidieran cuentas. Si así fuera, supondría que algo habrían ganado, que algo habría entrado en sus escuálidos bolsillos.

A los pensionistas, funcionarios, empleados y trabajadores en general, en fin, a todos los que trabajan por cuenta de terceros y reciben salarios tasados y no libres de impuestos; aquellos que no cobran por derechos de imagen, porque su imagen no interesa ni apasiona; los que no tienen primas por ascender y por no descender de categoría, ni les entregan incentivos por ganar y hasta por no perder; aquellos a los que no se les aplaude por hacer bien el trabajo y sí se les abronca cuando yerran no están menos tristes. A ellos también les gustaría recibir la atención del Ministerio, y, sin embargo, la Agencia Tributaria no les hace caso.

Y no es que sea un misterio el desprecio del Ministerio. No lo es; tiene que ver con el principio de eficacia operativa, porque ¿para qué se ha de comprobar lo que sabido está? Si en esto los pagadores no engañan: antes de abonar los sueldos les detraen las retenciones con toda su confianza, y pese a tal extravío, lo aceptan con gran templanza. De modo que si el dinero ya está en manos del Tesoro, incluso llega sin demora y en exceso y no hay trampa ni cartón, y están las habas contadas, ¿para qué las inspecciones?.

Está triste todo el reino ¿qué tendrá este país en el que unos lloran si cobran en demasía y les piden el cumplimiento fiscal, y otros, por no cobrar, se lamentan todo el tiempo? ¿Qué tendrá si los pobres y en desgracia, darían parte de su vida para poder tributar y otros, los más descarados, defraudares, corruptos y sinvergüenzas, despotrican contra Hacienda, escapan por no pagar, y hasta los mejores futbolistas hacen huelga por cobrar? ¿Qué tendrá este país si quienes más necesitan, pagan sin rechistar, y a quienes sobra el dinero amenazan con parar? ¿Y que ocurrirá si huelgan? ¿Qué va a ser de los que, como un bálsamo esperan, la proyección cada día del partido que les lleva al alivio de sus penas? ¿Habrán de contener las lágrimas en sus ojos? ¿Circulará la sangre con fuerza en sus venas?

Una vez más, los impuestos son de nuestra vida el mal: los unos por lo que pagan, los otros por no pagar. Mientras los de la Agencia no alcanzan a superar las cifras presupuestadas, los que evaden, bajo la excusa plural de que les sobran tributos, defraudan sin descansar. Eso sí, exigiendo más servicios. Y en un círculo que no acaban de cuadrar, piden que se gaste menos y que se recaude, de los otros, mucho más; que se supriman impuestos y se bajen sin cesar;y que todo ello no impida el mejor gasto social: sin pagar medicamentos, ni escuelas, sin tasas por estudiar, que no haya que guardar colas por servicios necesarios. Como si para obtener dinero bastara con protestar.

Solo faltaban los futbolistas y su amenaza de huelga por controlar sus ingresos. Se quejan por un decreto que pretende regular lo que ellos reclamaban, sin que la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) se entienda con la Real Federación Española de FÚtbol(RFEF), sin que la Liga de Fútbol Profesional (LFP) ayude y sin que ni siquiera esto lo resuelva un cardenal… Cada día es más complicado conservar la escasa dignidad que a los impuestos les queda, con tanto llanto y protesta, con tanta queja irreal. Y es que, pese al servicio que prestan, pese al gran bien que procuran, y a que, con su continua exigencia, se resuelven tantos males, la culpa en este país, siempre se da a los impuestos; ellos son siempre la causa del desencuentro ¿Es que nadie alza la voz ante tanta desmesura para que se dé a cada uno lo suyo, por recobrar la mesura?

Francisco Poveda Blanco es Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Alicante

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