El Foco

Es momento de pedir

Ninguna ocasión resulta más propicia que la actual para poder hacer llegar a quien corresponde lo que cada uno necesita dentro del marco social, económico y, en definitiva, político en que nos desenvolvemos.

Desde el momento en que comenzó la cuenta atrás de los procesos electorales en los que estamos inmersos los españoles, surgieron como por arte de magia iniciativas encaminadas a realizar actividades de todo tipo que bien podrían haberse llevado a cabo con anterioridad, como por ejemplo las obras de mejora y acondicionamientos diversos que aparecen por todas partes. Y aún asistiremos a muchas más según se acerquen las fechas de los diferentes comicios.

Además, y por otro, lado vamos a presenciar, quizás atónitos, promesas de diversas clases sobre temas que pensamos se debían haber acometido y no se han llevado a cabo. ¿Por qué ahora y antes no?

Es fácil esconderse tras la crisis económica para disculparse por no haber iniciado o materializado un sinfín de actuaciones que ahora sí se realizarán.

Es obvio que hemos sufrido unos años de crisis económica y que ha habido que adaptarse. Para algunos hemos tocado fondo, aunque para otros aún faltan muchas cosas por solucionarse. Pero la crisis ha supuesto, entre otros aspectos, que la sociedad española haya tenido que acomodarse a un nuevo modelo de funcionamiento. Los individuos, las familias y las empresas han cambiado hábitos y actitudes. Han aceptado a regañadientes, en la mayor parte de los casos, el esfuerzo y el sacrificio que se nos ha impuesto como necesario para afrontar la crisis con un cierto grado de esperanza.

Muchos españoles han asistido a las novedades diarias con la sospecha de que los ataques exteriores de los mercados, materializados especialmente sobre la prima de riesgo del bono español, la confusa actuación de las compañías de rating y las declaraciones de líderes europeos y funcionarios acerca de nuestra situación han resultado interesadas y han encendido y apagado alarmas, en muchos casos injustificadas.

A nivel interno, cuando ha interesado, nos hemos apropiado de nuestras actuaciones, medidas y estrategia y, en otros casos, hemos mirado al exterior para encontrar culpables de todo lo que no marchaba adecuadamente.

Quedan muchas cosas por hacer y como reza el título de este artículo, puede ser el momento de reflexionar sobre qué aspectos de la vida social, política y económica deberían cambiar y hacerlo llegar a quienes tienen la capacidad de conseguirlas.

Posiblemente no vamos a disponer de una situación tan propicia durante mucho tiempo

El desencanto se ha instalado en la sociedad española porque, mientras se han pedido sacrificios a la población, se ha consentido que determinados gobiernos autonómicos y algunos ayuntamientos hayan seguido gastando en lo que a todas luces es un sinsentido. Los jóvenes españoles están emigrando, el paro afecta a todos los segmentos de la población y la corrupción se instaló en la sociedad y en la política española afectando tanto a políticos como a empresarios y sindicatos. Incluso, partidos que aún no han alcanzado el poder ya se encuentran en situaciones de corrupción o en sospechas bien fundadas y con mal pronóstico. El movimiento social de repulsa a estas conductas supone un desencanto, especialmente en los sectores más desfavorecidos.

Pero volviendo a la ocasión que podemos disfrutar, posiblemente no vamos a disponer de una situación tan propicia durante mucho tiempo. Es hora de reconducir la sociedad española, de realizar una reconversión en profundidad de la economía, de abandonar lo de siempre, como costumbre, para iniciar el camino de una sociedad y una economía modernas, productivas y transparentes. Es hora de modificar las estructuras vetustas e iniciar un camino de futuro.

Es momento de revisar lo que funciona bien para conservarlo e incrementar su peso pero, sobre todo, ha llegado la hora de reindustrializar España, de verdad. De cuidar el turismo, dotándolo de todo lo necesario. De aprovechar la formación de nuestros jóvenes, de optimizar el gasto público, de realizar inversiones productivas y generadoras de actividad económica, de favorecer los procesos de exportación. Hay que sentar las bases de la mayor apertura a los mercados exteriores, de acomodar el número de políticos e instituciones a un tamaño razonable, de cambiar el papel de los sindicatos, adaptándolos a su papel de defensa de los intereses de los trabajadores con sindicalistas honestos, y de pedir a las instituciones financieras que actúen como motor de la economía.

Precisamos una política laboral con mayúsculas. El actual marco nos sitúa ante unas tasas de paro insoportables, contratos precarios, sueldos mileuristas en el mejor de los casos y trabajos de jornadas de una duración intolerable. Y qué decir de quienes alcanzan una edad que no les permite seguir trabajando, cuando en muchas ocasiones se encuentran en un momento de madurez y experiencia desaprovechada a todas luces.

Muchos de nuestros colegas europeos viven en otro mundo. Hemos llegado a esta situación a través del miedo y de la necesidad, pero hay que liberarse.

Hay que pedir un sistema fiscal justo y equitativo, donde la colaboración ciudadana se vea compensada con un gasto adecuado y despolitizado.

Busquemos el equilibrio de la Seguridad Social y del sistema de pensiones para evitar la angustia de quienes sobreviven con pensiones exiguas y se sienten amenazados con un futuro incierto.

Pidamos un cambio, un cambio de modelo social y económico, un sistema que permita atender adecuadamente las necesidades de los españoles, especialmente de los más desfavorecidos.

El Estado no puede seguir pagando con nuestros impuestos la mala gestión financiera ni los agujeros en las empresas públicas ni en los ayuntamientos y comunidades autónomas.

En definitiva, hay que ser capaces de modernizar unas estructuras que nos permitan ser competitivos a nivel internacional.

Es momento de pedir con rotundidad, de exigir lo que nos tienen que proporcionar los políticos y de buscar quien lo facilite. La situación en la que viven ahora mismo les preocupa y mucho. Si somos valientes y dejamos muy claro lo que buscamos, lo conseguiremos y, si nos cunde la sospecha, castiguemos a quien no va a cumplir y con lo que más les duele, con el voto.

 

Cecilio Moral Bello es catedrático de Economía Financiera y director del máster en Finanzas en ICADE

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