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Triste aniversario en el Banco de Japón

Hace dos años el Banco de Japón incrementó masivamente su campaña de impresión de yenes para impulsar a la inflación hasta el 2%. En ese momento, el banco central esperaba alcanzar su objetivo “en unos dos años”. Pero todo apunta a un aniversario con la inflación pegada al cero.

El impulso del gasto de Japón se ha marchitado con el envejecimiento de su población. Dos décadas con la inflación baja o negativa han hecho subir el coste real del capital a pesar de que los tipos de interés nominales están en cero. Acumular dinero o bonos gubernamentales tenía más sentido que invertir en nuevas fábricas. El gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, pensó que podía convencer a los japoneses para que cambiaran su comportamiento. Imprimiendo dinero para debilitar el yen, esperaba que los beneficios de los exportadores se tradujeran en salarios nacionales superiores. Ese proyecto ha fracasado.

Kuroda no parece excesivamente perturbado. La inflación, dice, ha caído en los últimos meses, principalmente debido a la bajada de los precios del petróleo, que finalmente impulsará el consumo. Los grandes fabricantes, sin embargo, son pesimistas sobre las condiciones empresariales, según mostró una encuesta del Banco de Japón esta semana. El legislador Kozo Yamamoto, un arquitecto clave del programa de reactivación económica del primer ministro, Shinzo Abe, dijo a Reuters que una mayor expansión monetaria es “absolutamente esencial”.

El impulso del gasto en el país nipón se ha marchitado con una población cada vez más envejecida

El problema es que comprar aún más bonos solo exacerbará la dominación malsana del Banco de Japón sobre los mercados sin cambiar necesariamente el comportamiento empresarial. Es poco probable que las empresas incrementen la inversión, siempre y cuando la demanda mundial siga siendo anémica.

Una salida puede ser estímulos que no se puedan guardar. Por ejemplo, el banco central podría dar vales a los hogares que deban ser gastados en un corto plazo de tiempo. Aventurarse en ello sería muy controvertido para el banco central. Pero para derrotar a quienes acumulan los estímulos, Kuroda podría necesitar soluciones radicales.

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