Editorial

El dividendo, alternativa a la renta fija tradicional

El dividendo es el refugio de los inversores menos arriesgados de la renta variable, es la manifestación más explícita del sentimiento de propiedad que los inversores tienen con las empresas a las que prestan capital. El cobro anual de una rentabilidad por el dinero invertido en función de los resultados de una actividad económica desarrollada por la empresa en la que se confían los ahorros. En ese mismo sentido han considerado siempre las empresas su relación con los accionistas en España, con una de las Bolsas que más cuida la remuneración a los socios particulares. Desde que el capitalismo popular echó raíz en el país, con la privatización de empresas de servicios como telefonía o energía, los socios han dado siempre más importancia al cobro anual de los cupones (el dividendo) que a la revalorización de los títulos. Un país en el que la inversión colectiva ha tardado en desarrollarse, disponía de mecanismos individuales para cuidar las rentas de familias ahorradoras con las participaciones en las grandes empresas del país.

Hoy, sin embargo, no es este un concepto de la gestión empresarial con gran predicamento, pues los socios particulares depositan el dinero en las empresas también en la confianza de que sus réditos serán reinvertidos para extremar la rentabilidad a largo plazo. Al menos esa es la intención en la mayoría de los países anglosajones. Una empresa que devuelve los beneficios a sus socios es porque tiene un equipo gestor que no encuentra en el mercado oportunidades para crecer en las que reinvertir; es porque es una empresa conservadora, o aburrida, aunque tales calificativos esconden muchas veces el prototipo de sociedad cotizada que más seguridad proporciona a los inversores.

Los paradigmas de inversión ordinarios están, en todo caso, siempre en revisión, y más ahora que las autoridades monetarias han trastocado completamente su papel tradicional. El combate contra la crisis financiera, la provisión de liquidez y la lucha contra la deflación y la falta de crecimiento ha llevado los tipos de interés al 0%, y ha dejado fuera de juego a la mitad del dinero, ese que los inversores tradicionales mantenían únicamente en depósitos o incluso en emisiones de renta fija, generalmente de carácter soberano. Rentabilidades modestas se han convertido en rentabilidades inexistentes o incluso negativas, puesto que varios Tesoros cobran por emitir deuda en los plazos más cortos de la curva.

La pérdida de rentabilidad tan acelerada, y que bien podría prolongarse una temporada larga hasta recomponer el crecimiento en Europa, ha empujado al dinero más conservador a viajar al riesgo de la renta variable para no limitarse al mantenimiento del principal en sus apuestas. Y la búsqueda se ha centrado fundamentalmente en emisiones empresariales de elevada rentabilidad o en tomas de posición en acciones con altos dividendos, de los que en España hay buenos ejemplos. Este año las empresas españolas abonarán nada menos que 25.000 millones de euros (un 2,5% del PIB) en dividendos, una cantidad inferior a la del año pasado por la anormalidad que introdujo en el cómputo el pago extraordinario de Endesa, que llevó la cifra agregada de pagos por las empresas españolas por encima de los 43.000 millones de euros.

Esta búsqueda de empresas seguras con rentabilidades no menos seguras es la responsable de los precios de muchas compañías que aparentemente tienen un valor inferior en el mercado, como es el caso de Aena, que salió recientemente a Bolsa y cosecha máximos crecientes de difícil justificación por su cuenta de resultados. Retorno por dividendo del 3%, en un escenario sin inflación, puede considerarse un apreciable desempeño, y a él se está apuntando paulatinamente el ahorro que prima la seguridad sobre la rentabilidad.

Los próximos años, si la recuperación de la economía se consolida como parece, con crecimientos por encima del 2,5% y una generosa creación de empleo, el avance de los beneficios es prácticamente seguro, sobre todo en las compañías que operan en España. Ello garantiza también remuneración creciente a los accionistas, cuya fiscalidad general se ha aliviado desde enero pasado, en el caso de que los gestores no encuentren en el entorno oportunidades para ampliar sus inversiones y ganar cuotas de mercado.

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