Editorial

Preservar el ciclo del riesgo electoral

España está en disposición de recuperar el nivel de producción económica que tenía antes de la crisis ya en 2016. Pero tiene también la posibilidad de prolongar hasta el umbral de 2020 un ciclo de crecimiento de la economía por encima del 2,5% anual si se mantiene el ritmo reformista y no se cambia la política económica practicada ahora. El ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, asegura que “se han puesto las bases para tal ciclo alcista, al que además van a contribuir en los primeros años el crecimiento europeo, la política expansiva del BCE y las bajadas de impuestos”. Y tal crecimiento llevará aparejado un avance de la ocupación similar al que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha pronosticado, y que devolvería a España los niveles de empleo que tenía antes de la crisis.

Este escenario tiene evidentes riesgos, sobre todo los de carácter geopolítico, que son los más imprevisibles. Pero los tiene también internos, y son aquellos que puedan poner en solfa la actual política económica, reformista y de rigor en las cuentas públicas. Y que pueden venir de la mano de la aritmética política que proporcionen los próximos acontecimientos electorales. Los analistas económicos no han descartado todavía el riesgo que en su día introdujo la irrupción de Podemos en el escenario electoral, aunque ahora le restan opciones, sobre todo tras los resultados en Andalucía, inferiores a sus propias expectativas. Sin embargo, las manos fuertes de la inversión extranjera continúan preguntando antes de tomar decisiones sobre España por las posibilidades reales de que haya un giro en la política económica que ponga en cuestión la recuperación a partir de 2016.

Es una evidencia que el panorama político va a ser más inestable y que la conformación de mayorías parlamentarias será más complicada en el futuro, aunque las encuestas siguen augurando que cualquiera de ellas que se forme para sostener al Gobierno futuro pasa bien por el Partido Popular o bien por el PSOE, lo que aleja los fantasmas rupturistas que en el pasado atentaban contra el sueño.

Pero más allá de la soberana decisión de los electores está el compromiso de mantener las reformas planificadas por el Gobierno durante los meses que restan de legislatura, sin dejarse llevar por medidas de carácter electoralistas que puedan suponer un menoscabo de las políticas que han fomentado la recuperación de la actividad y del empleo. Nunca ha sido tan evidente como en los últimos años que independientemente de los deseos de los votantes, que ahora pueden estar más diferenciados que en otras ocasiones, los Gobiernos tienen que cumplir con su obligación para mejorar la situación económica y social del país, porque a largo plazo es lo que toda sociedad madura y consecuente reclama y valora.

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