Editorial

El ‘geo-blocking’, un nuevo dragón

Está pasando inadvertida para la gran mayoría de los ciudadanos, pero la trascendental construcción del mercado único digital se está convirtiendo en una labor mucho más difícil de lo que fue la misma creación física del mercado único europeo. Los ámbitos de actuación que se ha marcado la Comisión Europea van en la línea de mejorar el acceso a consumidores y empresas a los bienes y servicios digitales, a crear un entorno en el que puedan prosperar las redes y, en fin, a desarrollar un ecosistema en el que puedan prosperar a largo plazo una economía y una sociedad que aprovechen en toda su extensión el enorme potencial de crecimiento en este campo. El empeño es tan ciclópeo como las dificultades para conseguirlo. Ayer mismo, la comisaria europea de Competencia, Margrethe Vestager, anunció la apertura de una investigación sectorial sobre las empresas de comercio electrónico, entre las que figuran algunos de los grandes gigantes tecnológicos, a las que acusa de fragmentar a propósito el mercado europeo, es decir, de levantar muros donde ya no los hay. Es más, denuncia que ofrecen o niegan servicios a sus clientes en función del país europeo de residencia. Es el llamado geo-blocking. El nuevo dragón que, en forma de barreras técnicas, quieren imponer algunos y que es necesario combatir con toda la fuerza de la Unión.

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