Editorial

Rigor y control en la formación

El Gobierno ha dado luz verde al nuevo modelo de formación de los trabajadores, tras una maratón de más de 50 reuniones públicas y privadas con los agentes sociales en las que no se ha llegado a un acuerdo con empresarios y sindicatos. Como explicó el viernes la ministra de Empleo, Fátima Báñez, el objetivo de la reforma es crear un sistema formativo “más eficaz, más transparente y, sobre todo, más evaluable en todo momento”. El nuevo modelo incorpora varias novedades importantes en ese sentido, entre ellas el colocar en igualdad de condiciones a sindicatos y patronales respecto a los centros privados acreditados para impartir formación subvencionada, la creación de una unidad de inspección para investigar presuntos fraudes y la articulación de un sistema integrado de información entre Gobierno y comunidades autónomas. Entre los grandes principios rectores que inspiran la reforma destaca la tolerancia cero hacia el fraude. No en vano, el sistema de subvenciones para la formación de los trabajadores ha sido fuente de numerosos escándalos e irregularidades. Ello hacía urgente y obligado rediseñar el modelo para hacerlo no solo más competitivo, sino también más sujeto al control y rigor que requiere toda actividad que se nutre de fondos públicos.

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