Editorial

Mantener firme la primera industria

La industria turística vaticina un nuevo récord de actividad en Semana Santa. Pese a un efecto calendario que diluye una parte del ocio de los españoles, con este largo puente a solo diez días de las vacaciones de Semana Santa, las reservas controladas por los intermediarios revelan un repunte de al menos el 5% respecto a las mismas fechas de 2014, y con una participación equilibrada entre turistas nacionales y extranjeros. En el caso de los nacionales, el incremento de la demanda responde a la recuperación de la economía que empieza a tomar cuerpo, con un incremento del empleo razonable y un giro muy consistente del estado de ánimo de los consumidores hacia el optimismo, que se refleja en todas las encuestas de expectativas. Y en el caso de la demanda turística externa, que ya estaba registrando máximos para España, se acelera por la depreciación sustancial que el euro ha experimentado en los últimos meses respecto a casi todas las monedas, que hace mucho más atractiva por precio la oferta europea en general y la española en particular.

Además, la radicalización de determinados conflictos geoestratégicos en Oriente Medio, y su extensión con episodios terroristas recientes hacia zonas tradicionalmente seguras, como es el caso de esta misma semana en Túnez, pueden suponer un no deseado plus para la industria turística española.

Evidentemente, una parte del impulso a la demanda nacional de servicios turísticos ha sido la relajación de los precios hoteleros y de la restauración. Pero la natural tentación a recomponer los márgenes aprovechando la presión de la demanda, que aún no se aprecia en las estadísticas, debe ser en este caso superada para preservar la recuperación plena de la que es la primera industria nacional. Uno de los artífices del agotamiento de la actividad cuando llegó la crisis fue el nivel desmesurado que habían logrado los precios, precisamente en una economía en la que los crecimientos de la actividad solo se manifestaban en las franjas de low cost, desarrollándose fenómenos hasta ahora desconocidos (no quiere decir que ausentes), como el alquiler turístico irregular, que es en parte un sustrato tradicional de economía sumergida, y que debe ser combatido, y en parte hijo de la crisis y la búsqueda de alternativas más baratas.

Es de ley reconocer que en los últimos años la oferta se ha fortalecido y diversificado, sobre todo en los destinos de interior, para compensar la pérdida de pulso en el mercado tradicional, y que ha sido precisamente en tales mercados donde se han registrado los avances más notables en los ingresos por turista. Esta tendencia, que mezcla arte, cultura, ocio, deporte, naturaleza y gastronomía, no ha de frenarse en ningún caso, pues debería explotar plenamente en los próximos años, cuando mercados emisores de gran tamaño, sobre todo los asiáticos, inunden Europa.

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