Editorial

Una industria que no tiene fronteras

El Mobile World Congress (MWC) de Barcelona cerró ayer sus puertas tras una nueva y exitosa edición que no solo ha vuelto a marcar un récord en número de visitantes –más de 90.000 personas, un 10% más que en 2014–, sino que ha puesto sobre la mesa con contundencia las grandes cuestiones que marcarán el rumbo de la industria móvil mundial en los próximos meses. La edición de 2015 ha evidenciado el enorme potencial de negocio que ofrece la denominada internet de las cosas y la importancia que cobrarán muy pronto en el mercado los dispositivos –wearables– que la hacen posible. La heterogeneidad de compañías que se han dado cita estos días en el MWC cuyo negocio no está centrado en la tecnología móvil –desde fabricantes de automóviles hasta entidades bancarias– constituye la mejor prueba de que la industria digital está llamada a extender sus fronteras de forma imparable hacia todos los segmentos de la economía y del consumo. Más aún si se tiene en cuenta que actualmente apenas un 1% de objetos está conectado a una red móvil.

Un año más, la participación activa de los primeros ejecutivos de las grandes compañías de telecomunicaciones, los fabricantes de terminales y los gigantes de internet ha convertido Barcelona en el foro más importante del mundo para debatir sobre el futuro de la industria. La edición de 2015 ha abordado, entre otras cuestiones, la seria fractura que existe entre las operadoras y los grandes compañías de internet. Tanto el presidente de Telefónica, César Alierta, como Vittorio Colao, principal ejecutivo de Vodafone, y Tim Hoettges, consejero delegado de Deutsche Telekom, han reiterado estos días las críticas a la política regulatoria europea y al menor rigor que impone a las compañías de internet. Las empresas europeas de telefonía móvil argumentan con razón que han realizado inversiones millonarias en redes de nueva generación que resultan indispensables para avanzar en el objetivo de digitalizar Europa. Un esfuerzo del que se han beneficiado gigantes estadounidenses de internet, como Google, Facebook o Apple, que ofrecen también servicios de telecomunicaciones, y que no están sometidas a las mismas reglas de juego en el mercado.

Más allá de ese conflicto, al que la Comisión Europea debería dar respuesta lo antes posible, la industria digital tiene pendientes múltiples debates. Es el caso de la necesidad de avanzar hacia una estrategia que permita diferenciar y valorar comercialmente la calidad de los contenidos que circulan en la red, que constituyen buena parte del negocio del que se nutren gratuitamente los gigantes de la red. Todo ello no solo dibuja un mercado en constante cambio y vertiginoso crecimiento, sino que hace de un evento como el World Mobile Congress una oportunidad única para situar a España, por unos días, como la capital mundial de la industria del futuro.

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