Editorial

Un símbolo del que extraer lecciones

La decisión de Martinsa Fadesa de solicitar su entrada en fase de liquidación, la mayor de una compañía española, con un pasivo de casi 7.000 millones de euros, llega tras dos años en los que la empresa presidida por Fernando Martín ha intentado denodadamente aunque sin éxito cumplir el convenio que firmó con sus acreedores en 2011. La liquidación de la inmobiliaria se pone en marcha tras un difícil e infructuoso calvario que se inició ya en 2008, cuando se declaró en concurso de acreedores, menos de un año después de la compra de Fadesa por algo más de 4.000 millones. Con la adquisición de Fadesa, Martín aspiraba a ser el primer empresario del sector inmobiliario europeo. Un objetivo que se frustró por la quiebra de la nueva compañía, la mayor de la historia empresarial española, provocada por el elevado endeudamiento que generó la compra, el estallido de la burbuja inmobiliaria y el inicio de la crisis financiera.

La solicitud formal de liquidación de Martinsa Fadesa cierra así una etapa dura y amarga, que no solo incluye los reiterados intentos por refinanciar y salvar la empresa, sino también una áspera batalla judicial planteada en torno a la compra de Fadesa. El Tribunal Supremo desestimó la demanda planteada por Fernando Martín, quien argumentaba que los activos de la inmobiliaria gallega habían sido calificados y valorados de forma errónea.

La apertura de la fase de extinción, anunciada el pasado lunes, incluye a una lista de 6.500 acreedores, entre los que figuran entidades financieras, empresas privadas, fundaciones, bufetes de abogados, organismos públicos y particulares. Más allá del proceso que ahora se inicia, y que debe aspirar a ejecutarse y ordenarse de la forma más beneficiosa posible para todas las partes afectadas, el ascenso y caída de Martinsa Fadesa constituye un desgraciado símbolo de lo sucedido en el sector inmobiliario español con el estallido de la burbuja. Un derrumbe, tras años de crecimiento incontrolado y facilidades para la especulación, que golpeó no solo a las constructoras y promotoras, sino a un innumerable número de pymes, a la banca, a las arcas del sector público y al conjunto de la economía.

Pese a ese durísimo invierno, el mercado inmobiliario vuelve a levantar la cabeza en España. Operaciones como la anunciada ayer por el empresario Carlos Slim, quien lanzará una opa por Realia tras haber adquirido el paquete accionarial que ostentaba Bankia en la compañía, se suman al goteo constante de movimientos de inversión que vive el sector, así como al repunte de los precios y el aumento de las compraventas. Todo ello hace predecir una activa recuperación del mercado que debe aspirar a ser racional, equilibrado y progresivo y cuyo primer reto, a la vista de duras experiencias como la de Martinsa Fadesa, es extraer lecciones del pasado y aplicarlas al presente y al futuro.

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